Un día leonés
Creado: 19.04.2026 | 06:00
Actualizado: 19.04.2026 | 06:00
Cortes de Castilla y León
mientras «el mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos», como ha dicho León XIV en su viaje africano, a los pies de San Isidoro, en la Cuna del Parlamentarismo, un puñado de civiles, gente sabia y combativa, y también niñas y niños, leían los Decreta. La carta de derechos que se imprimió años después de las Cortes de 1188 convocadas por Alfonso IX en León con la participación, por primera vez, del pueblo llano. Los decreta incluyeron derechos novedosos como la inviolabilidad del domicilio, la protección de las mujeres o la declaración de la paz y no solo de la guerra.
El día prometía. Con Urraca de la mano, primera reina de Europa con autorictas, por derecho propio, que marcó la senda a otras reinas. De San Isidoro al Museo de León. De ‘Urraca I. Reina con reino’ a ‘Reina ella’, pensaba en la ironía de que los Decreta sean patrimonio universal y su eco en la tierra donde nacieron se limite a un encomiable acto cívico en una plaza leonesa.
Pensaba en la proyección que tuvo León en Europa mientras fue reino, tanto en lo político como en lo artístico (ahí tenemos las joyas dispersas por el Louvre, Nueva York, Chicago o Londres, y la pequeñez a la que ha quedado reducido, con una provincia hermosa y rica, pero desmembrada por los poderes de nuestro tiempo.
Pensaba en ese león que Urraca acuñó en una de sus monedas, el precedente conocido más antiguo de la imagen del animal como símbolo de la monarquía leonesa, que se exportó a Europa, y aún permanece en el escudo de España. Pensaba, también, en las palabras que esta semana pronunció el recién elegido presidente de las Cortes de Castilla y León, Francisco Vázquez, segoviano y del PP,: «Debemos recordar aquella fecha de 1188 en León, reconocida como testimonio más antiguo del sistema parlamentario».
Palabras o palabrería. Hacen guiños a León después de años de centralismo atroz y con la asamblea autonómica bien amarrada en Valladolid, desde que se trasladó el hemiciclo de Fuensaldaña y se perdió la ocasión de reequilibrar el poder con las periferias.
Ahora dicen que no tiene remedio y se frotan las manos porque el leonesismo político ha tocado techo. Y nos regalan conciertos extraños y músicas celestiales para celebrar el día de Castilla y León. Para tapar a los Comuneros de Villalar —que también los hubo en León— y distraer al pueblo. Pensaba, asomada al claustro, que los Decreta tendrían que leerse en todas las plazas como se lee el Quijote por en todo el mundo. Y ser estudiados en las escuelas y... que el pasado ilumine el presente para avanzar y no sea una losa que nos recluya en la melancolía del viejo reino perdido o diluido como los pueblos en la globalización.
Fue un día urraquiano, un día leonés, con una mirada universal porque, como dijo Miguel Torga, lo universal es lo local sin paredes, sin fronteras. Sólo nos faltó llevarnos un recuerdo de Urraca. No lo hay. Tan solo un sello que ofrecen en San Isidoro.
