Canarias en Azores
Una de las cosas que más llama la atención a los canarios que visitan Azores es la gran cantidad de palabras de su habla tradicional que emplea la gente del lugar. Voces del español insular tan peculiares como aguaviva (medusa), bubango (calabacín), guecho (novillo), bolla (pan de trigo), mollo (manojo de mies), frescal (hacina de mollos) refega (viento que baja de la cumbre al mar), vieja (pez que los científicos denominan Scarus cretensis), bocanegra (pez que los científicos denominan Helicolenus dactylopterus), caldera (cráter apagado de una montaña), masapez (tierra rojiza), pan por Dios (presente que se da a los niños el día de Todos los Santos) reinar (amohinarse), andoriña (golondrina), fole (talega de cuero), quella (tiburón que los científicos denominan Prionace glauca), majuga (sardina pequeña), callao (canto rodado), garajao (ave palmípeda acuática), arrife (terreno baldío o erial), fajana (terreno llano al pie de las laderas formado por materiales desprendido de las alturas), canario (especie de pájaro de color amarillo) gofio (harina de granos tostados), el apellido Bethencourt, etc., les salen constantemente al paso por aquí y por allá al tiempo que recorren su discontinua geografía dividida en nueve territorios distintos, uno de ellos nombrado precisamente Graciosa, como la “octava isla de Canarias”. ¿Cómo se explica tal cantidad de coincidencias léxicas, culturales y referenciales entre ambos archipiélagos de la Macaronesia?
En primer lugar, se explica por la enorme influencia que ejercieron los portugueses en Canarias entre los siglos XV y XVIII, pero, sobre todo, del XVI al XVII. Es esta circunstancia histórica la verdadera responsable de la mayor parte de las coincidencias idiomáticas en cuestión. Como nos han hecho ver José Pérez Vidal, Antonio Lorenzo Ramos, Carmen Díaz Alayón o Pedro Nolasco Leal y........
