Sindicatos en campaña
17 de abril 2026 - 05:31
UNO de los gorigoris más sentidos que tendríamos que entonar en España es el de la prensa satírica, cuyos orígenes están en el mismo Larra, tuvo un amplio desarrollo hasta el franquismo y experimentó un renacer con la Transición y sus despelotes. Quizás todo acabó cuando El Jueves, antaño publicación libertaria y algo cochina que no tenía más dios que la esproncediana libertad, se convirtió en un boletín woke más pendiente de seguir la agenda progresista que del verdadero eructo creativo (no hay sátira sin gamberrismo), y de molestar a los poderes. A todos los poderes. Al sindical, también.
Las dianas de la sátira cambiaron con los tiempos, y del Ejército, la Iglesia o el capital se pasó a prestar una mayor atención a otros actores de la democracia, como los políticos o los sindicalistas. Estos últimos suelen ser caricaturizados (y martirizados) como unos seres obsesionados por la ingesta pantagruélica de mariscos y otros fruit de mer. Cada colectivo debe cargar con su cruz. Si los oligarcas son representados como gordos fumadores de puros y los militares como chuscos patrioteros, los sindicalistas son los insaciables gamberos. Pero vivimos unos tiempos en los que hemos perdido la capacidad de interpretar la sátira como lo que es, una crítica desmesurada y arbitraria, para calificarla como “incitación al odio” o “bulo”. La nueva sátira e desarrolla clandestinamente en los chats privados, uno de los últimos espacios de libertad, el Speakers’ Corner de los humanos de hoy.
Así que no acusaré a los sindicatos CCOO y UGT de cefalópodos devoradores de crustáceos. Dios nos libre de polarizar, no nos vaya a reñir Óscar Puente. Nos limitaremos, muy comedidamente, a señalar cómo los llamados sindicatos de clase se han convertido en un ladrillo más del muro sanchista, en vez de en una herramienta útil para el común de los trabajadores independientemente de sus creencias, como corresponde al sindicalismo moderno. Solo hay que seguir de cerca las continuas declaraciones y actitudes políticas de los máximos dirigentes de CCOO y UGT para corroborarlo. Lo último, su decisión de llevar el centro de gravedad del próximo 1 de Mayo a Málaga, coincidiendo con el inicio de las elecciones andaluzas, pese a la buena sintonía que han tenido con el juanmismo toda la legislatura. Sus quejas se centrarán en la sanidad y la educación, aunque algunos malvados dicen que, sobre todo, hay muchas subvenciones que agradecer. Otros, satíricos, que les tira la gamba malagueña, pescada en el mar de Alborán.
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