Amante a la deriva
Si tu vida amorosa fuera un crucero de lujo, ¿en cuántos puertos te atreverías a atracar? En cada salida al mar, ¿elegirías siempre la misma ruta, el mismo clima, la misma tripulación?
Observa la gente a tu alrededor: hay quien se acerca mucho a las orillas, pero ninguna le parece lo suficientemente segura para apreciar sus placeres y elige satisfacerse sólo con lo que lleva a bordo desde el nacimiento.
También hay quien teme el vértigo de la navegación y se lanza al primer trozo de tierra, por muy inhóspita o cenagosa que se vislumbre, y su alma queda ahí, atrapada, hasta la muerte.
Entre ambos extremos, ¿cuántas opciones hay? ¿Cuáles has explorado? ¿Qué tan profundo es tu miedo a los arrecifes del prejuicio? ¿Qué tan oxidada está el ancla de la rutina en tus acciones cotidianas? ¿Cuántas maniobras te lanzas a intentar?
Consulte además: ¡Y dale con la culpa!
Crucero al fin, se supone que nuestro viaje erótico-afectivo ha de ser deleitable desde que sacas tu primer boleto hasta que decides carenar en el último destino.
Se........
