menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Nuestro guía, en su Centenario

22 0
15.08.2026

El Comandante. Foto: Roberto Chile.

Al general de Ejército Raúl Castro se debe una de las más precisas valoraciones hechas acerca del Comandante que puso a Cuba en el mapa del mundo: “Fidel es Fidel, todos lo sabemos bien, Fidel es insustituible y el pueblo continuará su obra cuando ya no esté físicamente. Aunque siempre lo estarán sus ideas, que han hecho posible levantar el bastión de dignidad y justicia que nuestro país representa”.

Asumidas —que, es decir: abrazadas— por la Presidencia de Cuba, que las reprodujo suscritas por el presidente, Miguel Díaz-Canel, esas palabras resumen ponderación de un pasado que no cesa, y proyección de un deber al que no le está permitido cesar sin que se incurra en deserción punible.

Sería desertar de una de las grandes misiones históricas del pueblo cubano, sembrada en el camino que se inició el 10 de Octubre de 1868 con Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, a la cabeza, y acendrada en su tiempo y hacia el porvenir en el legado de José Martí, el Apóstol de mucho más que su independencia. Tal fue el camino que hizo suyo, para que perdurase, el luchador revolucionario que echó sobre sus hombros la tarea de impedir que Cuba dejara morir a su Apóstol a cien años de su nacimiento.

Vale recordarlo siempre, y aún más cuando se cumple otro siglo sembrador, precisamente el del revolucionario que sería un crimen de lesa patria a nuestra cuenta aceptar que su legado pereciera. No solo para que no toleremos ese crimen, sino para que ni siquiera demos cabida mental a esa posibilidad, se alzan las potencialidades reconocidas en él por Raúl Castro.

Se habla aquí de una hermandad que no se agota en la circunstancia de la sangre, pues se extiende y se afirma en la afinidad ideológica. Una hermandad que no da cabida a la posibilidad del fratricidio simbólico que acaso en distintos lares asome reiteradamente en los dominios de la historia, la literatura y la sicología.

De ahí el peso del acierto, de una realidad que no cabe en la mera reiteración de valor simbólico, de que “Fidel es Fidel” —con el verbo así, es, en presente— y, por tanto, resulta insustituible, salvo por esa mayoría que se llama el pueblo cubano, y que merece cuidarse para que siga siendo siempre mayoría.

De la verdad concentrada en aquella afirmación se derivan evidencias concretas, como que Fidel continúa y continuará siendo el Comandante en Jefe de la Revolución y, por tanto, su Líder. El Líder con cuyas enseñanzas estamos y........

© Cubadebate