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“América Latina camina hacia la debilidad y la desintegración”

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15.02.2019
En los años 90 hubo una hegemonía neoliberal en la región, en los 2000 una más progresista/nacional-popular. ¿Dónde estamos hoy? Para un escenario incierto y confuso aunque corrido a la derecha… Me parece que el tema de la hegemonía en América Latina debería ser más estudiado y mejor esclarecido. Si tomamos como referencia la reflexión de Antonio Gramsci, habría que indagar en el liderazgo «político, intelectual y cultural» de determinados grupos o clases en coyunturas históricas específicas, así como la sostenibilidad y profundidad de esa dirección hegemónica que combina consenso y coerción y que requiere que el ejercicio del poder sea aceptado por los actores dominados. Lo primero que podríamos advertir es que en América Latina, en general, sobresalen momentos de hegemonía transitorios y débiles. Sin embargo, también es importante desagregar casos puntuales que mostraron más fortaleza y longevidad. Los proyectos socio-políticos y económicos de corte moderadamente reformistas y de sectores que operaron bajo las reglas del sistema –esto es, que no fueron antisistémicos en el sentido de tener un horizonte de cambio revolucionario– no pudieron afianzarse en los años 50 y principios de los 60. Los proyectos autoritarios de finales de los años 70 hasta principios de los 80 tampoco pudieron prosperar. Ambos, al calor intenso de la Guerra Fría en la periferia. Culminada la disputa entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el proyecto neoliberal de los 90 no pudo extenderse más allá de esa década; en especial, en buena parte de América del Sur aunque se prolongó en otras subregiones de Latinoamérica. Con el comienzo del siglo –y otra vez en América del Sur y no en América Central, México y el Caribe– el proyecto progresista no pudo superar los tres lustros. Y ahora observamos el resurgimiento del proyecto neoliberal que, a pesar de lo que se tiende afirmar, tiene rasgos de fragilidad pues se asienta en sociedades fragmentadas y polarizadas y se produce bajo economías muy primarizadas y financiarizadas. No estamos ante una hegemonía robusta. Probablemente, veamos retroceder sus componentes consensuales y avanzar sus dispositivos coercitivos, lo cual tenderá a generar más inestabilidad y conflictividad en un contexto global crecientemente incierto y pugnaz. En síntesis, asistimos a proyectos hegemónicos limitados que no pueden consolidarse definitivamente pues de algún modo u otro no pueden ser plenamente aceptados por buena parte de las sociedades. Brasil y Venezuela aparecen como dos casos difíciles. Uno por la crisis multidimensional y el otro por estar inmerso en el primer experimento de extrema derecha. ¿Cómo se deberían abordar ambos fenómenos desde América latina? ¿Qué riesgos ve? Es cierto que aparecen como los casos «difíciles» si por ello se quiere decir que han seguido trayectorias políticas distintas y que hoy afrontan su mayor crisis histórica contemporánea en tanto aspiración revolucionaria (Venezuela) y un ambicioso ensayo reaccionario (Brasil). Comprendo que la pregunta apunta a marcar las divergencias y singularidades que caracterizan ambas experiencias: el primero, posiblemente, en su fase terminal y el segundo, inciertamente, en su etapa inicial. Sin embargo, me gustaría destacar lo que a pesar de las especificidades nacionales tienen algunos elementos en común. Me refiero a que a lo que sucede en los dos países que hoy están en el centro del escenario mediático regional nos debiera llevar a plantear, de nuevo, la cuestión militar en América Latina. Aclaro que ya la denominada «guerra contra las drogas» con su epicentro en Colombia, México y América Central nos ha venido mostrando los costos y estragos de la militarización del combate contra el narcotráfico y los efectos perniciosos y perversos de confundir las funciones de las fuerzas armadas y las de las fuerzas policiales al borrar la frontera entre defensa externa y seguridad pública. A lo que apunto es a resaltar que los casos de Venezuela y Brasil nos obligan a reflexionar seriamente sobre algo que nos parece distante y propio de la fase de la transición democrática en la región: la cuestión militar. La cuestión militar entendida como la participación de los militares en el manejo del Estado y el alcance de un control civil y democrático de las fuerzas armadas. Y en esa dirección, el ascendente papel de las fuerzas armadas en la vida institucional de los países es un dato relevante. El caso actual de Venezuela es el más emblemático y extremo. Allí los militares cubren una amplia gama de funciones en el Estado y tienen una incidencia clave para sostener el régimen político o, eventualmente, para derrumbarlo. Y el caso de Brasil se ha tornado significativo por su alta participación en la reciente contiendaelectoral (unos 70 militares fueron........

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