Los Ramones hablaron por los descartados del capitalismo
El álbum debut homónimo de los Ramones, Ramones, fue lanzado hace cincuenta años este mes de mayo. Grabado en unos pocos días con un presupuesto mínimo y con una duración de menos de treinta minutos, el disco se convirtió en materia de una leyenda.
Aclamado durante mucho tiempo como una influencia clave para generaciones de punk, metal, rock alternativo y otros géneros, el álbum fue incorporado al Registro Nacional de Grabaciones [de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos] en 2012.
Para muchas personas, Ramones se ha convertido en el punto de origen por excelencia del punk rock estadounidense. En su delirante media hora de duración, representa la piedra fundacional del sonido corto, rápido y estridente que resonó a lo largo de las décadas.
Comprender la fuerza política de la banda es más complicado, y no solo porque el guitarrista Johnny Ramone era un conservador que apoyó a Ronald Reagan y a George W. Bush. A los Ramones les falta la abierta sensibilidad proletaria de contemporáneos como The Clash, por no hablar del radicalismo explícito de Crass, Nausea y otros artistas de izquierda posteriores.
Pero Ramones representa más que la subestructura musical sobre la que artistas políticos construyeron más adelante. La música de la banda habló con fuerza por los descartados del capitalismo. Construyeron un marco musical a partir de la basura del rock and roll –los sonidos sin pretensiones y en bruto de la década anterior– mientras Peter Frampton, Wings y Chicago dominaban las listas de 1976.
En su sonido sintetizaron la cultura de los desechos y los desechados del capitalismo: películas de terror baratas, el aburrimiento, la adicción y los rebusques callejeros, el rechazo sin glamour de una sociedad que ya ni siquiera fingía que le importaba. De esta manera, Ramones sigue siendo una lección perdurable sobre cómo hablar por todos los sectores sociales, no sólo por los incluidos.
Rock lumpen para lumpenoides
A diferencia del punk político que se gestó en las colas del subsidio de desempleo en Inglaterra o en los ocupas del downtown neoyorquino, los miembros de los Ramones crecieron en Forest Hills, Queens, una zona cómoda y de clase media, resguardada del deterioro del centro de Nueva York. El baterista y productor Tommy Ramone recordaba que, en líneas generales, era un lugar agradable para crecer.
Aun así, los jóvenes miembros de la banda se encontraron alejándose del sueño americano y del sentido de propósito que impregnaba a la cultura de los baby boomers. Vencidos por el aburrimiento y la falta de sentido que aquejaba a tantos, se prendieron, se sintonizaron y abandonaron, pero no tenían nada que mostrar.
Los Ramones........
