Lo del decreto Mari y lo del decreto Carmen
1- Las cosas son su función, por lo que el otro día les hablaba de la Acampada de Sol como dos acampadas. La primera duró del 26S al 29S. Su función, cumplida, era que un gobierno se pusiera las pilas y emitiera el ‘decreto Maricarmen’. Finalmente, fueron dos. El decreto Mari y el decreto Carmen. Importante: el Sindicato de Inquilinos/SI entiende que la división del decreto no obedece a una táctica para que cuele al menos uno, sino que se debe a cierto desinterés del PSOE. Tomen nota de esos desencuentros. En las novelas de Agatha Christie culminan en un pollo muerto en un vagón del Orient Express –Agatha Christie, una autora funcional, nunca hubiera ubicado ese fiambre en un vagón de Rodalies o la novela nunca hubiera llegado a su fin a tiempo–. El mismo 29S concluía, con esos dos decretos aprobados en el Consejo de Ministros, la primera acampada. Y empezaba la segunda, con otras funciones. A saber: a) existir hasta la votación de Mari y de Carmen. Y, en ese breve e intenso segmento de tiempo, b) incidir en la política y en la sociedad, a partir de c) un cambio en las percepciones. Al cabo, las acampadas, cuando triunfan –ese es el caso; la prueba de que ha triunfado: se ha comido con patatas el tema Ceuta, una superproducción a solo un dinosaurio de Jurassic Park, en la que participaban chorrocientos medios y políticos y una juez–, sirven para d) difundir información, que diversas generaciones que se acercan a la acampada distribuyen en sus respectivos mundos, sorprendentes. Esa información, e) crea otra mirada –también f) en los ojos–, y crea g) mayorías sociales y h) estados de ánimo ante la realidad. De manera que el asunto i) copa la sociedad, crea j) la hegemonía esa, más allá de las ideologías y de los partidos, k) posibilita acuerdos inverosímiles y l) cambia la agenda de lo cotidiano. Y, con ello, m) la agenda informativa y política, como en el caso, lo dicho, de lo de n) Ceuta. Es presumible suponer, por todo ello, que hoy, 2-O, esa acampada, con sus funciones cumplidas, dé paso a la acampada 3.0, que tendrá otra función y otra duración, tal vez corta y dando quizás el relevo territorial a otras instituciones –una acampada es una institución efímera; y eso es muy importante; por eso mismo, echar la poli a una institución, efímera o fija, no suele ser productivo para el ideólogo de esas cargas–, como sucedió con el 15M tras mucho más tiempo, por cierto, cuando trasladó las acampadas a los barrios. A los barrios de Madrid, en este otro caso. Para preparar un nuevo proyecto y función: la huelga general.
Una huelga general por la vivienda, por un decreto Maricarmen, sería el sello de un cambio de mentalidad colectivo
Una huelga general por la vivienda, por un decreto Maricarmen, sería el sello de un cambio de mentalidad colectivo
2- Una huelga general es algo muy serio. Es, para ver su magnitud, otra institución efímera mucho más dinámica y amplia. Es un invento del sindicalismo francés que iba a cambiar el mundo. En España la introdujo, a principios del XX, la revista La huelga general, fundada por Ferrer i Guàrdia –se supone que eso le costó, entre otros negociados, la vida–. Una huelga general política fue, en su día, la fantasía del PCE, jamás realizada salvo en mi pueblo, en 1976. A todo el mundo que la vio le salió una arruga, hermosísima, en el cerebro. En democracia, una huelga general –política; no nos engañemos; las huelgas generales son políticas; responden a un conflicto político inusitado y,........
