Futuro incierto bajo la sombra del crudo
El mundo esperaba en suspenso y temor la hora en que estaba enunciado el fin de una civilización. De pronto, se conoció el mensaje del ejecutor… el “Holocausto II” se posterga por dos semanas, obviamente con algunas condiciones que, de ser cumplidas por la civilización en riesgo, será perdonada, ¡aleluya! La pugna geopolítica pareciera tener mayor preeminencia geoeconómica. Con el cierre del estrecho de Ormuz colapsaron los mercados, los bonos, las acciones, etc. El anuncio del cese al fuego produjo una baja del precio elevado del petróleo. Con alivio en secuencia, se recibió la noticia de la baja, pero los ataques de Israel al Líbano provocaron otra escalada.
La subida del precio del petróleo hizo temblar al mundo más que la guerra misma. Para Bolivia, significó el retorno de la subvención en desmedro de una economía inestable que precisa recursos para comprar el combustible que pareciera ser –junto al pan– el sustento diario de la población. Cuando se pensaba que las cosas iban marchando a paso lento y seguro con un torrente de créditos acompañando a la percepción externa de aparente menor riesgo país, la impredecible guerra disparó el precio del elixir (petróleo) y de los combustibles que compramos. Se pone en mayor evidencia la medida no acertada de quitar parcialmente la subvención y mantener........
