Ucrania: el pueblo elegido y el puerto cerrado
El autor de esta columna sostiene que la guerra entre Rusia y Ucrania ha convertido a Kiev en un Estado cada vez más dependiente de Occidente, mientras Rusia y Europa persiguen sus propios objetivos estratégicos. En ese escenario, advierte, Ucrania ha perdido capacidad para decidir sobre el curso de una guerra cuyo costo humano, económico y territorial recae principalmente sobre sus habitantes. Concluye que «los pueblos elegidos no necesitan calcular. Las repúblicas, sí. La tragedia ucraniana es que le enseñaron a creerse lo primero mientras la usaban para lo segundo, y que quienes hoy la aplauden desde lejos no pagarán ninguna parte de la factura».
Imagen de portada: Chibosaigon / Getty Images / Canva
El 10 de julio, en la Lavra de las Cuevas de Kiev, Kirilo Budánov asistió a la liturgia por los 975 años del monasterio. A la salida dijo que allí se rezaba por Ucrania y por el pueblo, y que los ucranianos vencerán porque son el pueblo elegido de Dios.
No lo dijo un obispo, sino el hombre que durante cinco años dirigió la inteligencia militar y que desde enero encabeza la Oficina del Presidente. No es un exceso devocional: es lo que dice un poder cuando se le acabaron los instrumentos. La elección divina llega cuando ya no queda elección estratégica.
Todo análisis debe partir por donde corresponde. La resistencia ucraniana de 2022 sigue siendo el hecho político europeo más extraordinario del siglo. Un país sin industria de defensa relevante inventó, sobre la marcha, la guerra de drones que hoy estudian todos los estados mayores del mundo, y la campaña de 40 días que Kiev lanzó en junio inutilizó cerca de un tercio de la capacidad de refinación rusa.
El costo humano ha sido altísimo, y conviene decir con precisión qué sabemos y qué no. Del lado ruso, el único trabajo serio —el de Mediazona y Meduza con el servicio ruso de la BBC, que cruza el registro sucesorio con una lista nominal levantada caso a caso— arroja unos 350 mil muertos hasta fines de 2025. Del lado ucraniano no hay datos, porque informar sobre las bajas está censurado: cualquier número más preciso es munición y no estimación. El fuerte del esfuerzo ruso, entretanto, está en fortificar los 118 mil kilómetros cuadrados que ya controla.
Nada de esto es propaganda proucraniana. Pero su reverso tampoco debería serlo, y conviene desmontar el tópico más resistente de estos cuatro años: el del pueblo pequeño que pelea por encima de sus medios. Ucrania no ha peleado por encima de sus medios: ha peleado con medios ajenos, en una escala sin precedentes históricos. El Instituto Kiel contabilizaba ya a comienzos de 2025 unos 246 mil millones de euros en ayuda occidental, más de la mitad en material militar, y a eso se suma lo que no figura en planilla alguna: cobertura satelital permanente, datos de blanco en tiempo real, la inteligencia de todo Occidente.
El coraje ucraniano es real y no necesita de la fábula. Lo que la fábula oculta es la naturaleza del conflicto: esto no es una guerra ruso-ucraniana, sino una guerra por delegación entre la OTAN y Rusia,........
