Las cuatro P que también se juegan en el césped
El 19 de julio de 2026, el MetLife Stadium de East Rutherford, a un tiro de piedra de Manhattan, fue el escenario donde España se proclamó campeona del mundo tras vencer 1-0 a Argentina en la prórroga, con un gol de Ferran Torres en el minuto 106. Nueva York, la capital mundial de las marcas, el consumo y la comunicación, fue testigo de cómo un equipo de ...
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fútbol y una disciplina de negocio —el marketing— hablan, en el fondo, el mismo idioma. No es casualidad. Propongo aquí un ejercicio sencillo: leer el fútbol como el laboratorio más transparente que existe para entender el marketing clásico, y pocas citas lo demuestran con tanta claridad como una final de Mundial disputada en la ciudad que inventó buena parte de las reglas del juego comercial moderno.
El marketing tradicional se apoya en cuatro pilares —producto, precio, plaza y promoción— formulados por McCarthy hace más de sesenta años y todavía vigentes porque describen algo universal: cómo se crea valor y cómo ese valor llega a quien lo necesita. El fútbol, sin saberlo, lleva un siglo aplicándolos con un rigor y una coherencia que muchas empresas todavía no alcanzan.
El producto no es el balón ni el resultado; es la propuesta de valor completa. España ganó este Mundial siendo fiel a un estilo que lleva construyendo desde hace casi veinte años: posesión, paciencia, técnica y generosidad colectiva. No inventó nada nuevo en la final, hizo lo que sabe hacer mejor que nadie. Esa es la primera lección de marketing que el deporte regala: un producto sólido no se reinventa cada temporada para agradar a la última tendencia, se perfecciona. Las marcas que sobreviven —como las selecciones que ganan títulos de forma recurrente— son las que tienen una identidad reconocible, coherente y difícil de imitar. El producto, en el fondo, es una promesa que se cumple partido tras........
