Lo que enseñan las revoluciones sobre la inteligencia artificial
En mayo harán 232 años de que fuera pasado por el vertical filo de la guillotina Antoine Laurent de Lavoisier. Juzgado y condenado a muerte por el Terror Revolucionario de Robespierre, no le libraron de la cuchilla sus múltiples aportaciones científicas, esgrimidas en las peticiones de clemencia de última hora: “La República no necesita sabios ni químicos”, sentenció Jean-Baptiste Coffinhal, un abogado arribista que presidía el tribunal sin más mérito que compartir amistad con los jacobinos más sanguinarios. A fin de cuentas, a Lavoisier no le juzgaban por ello, sino por supuestas prácticas contrarrevolucionarias, por haber trabajado como recaudador de impuestos para la Ferme Générale, la em...
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presa privada que funcionaba como agencia tributaria de la dinastía Capeto. Pero sí está aquí por ser el creador de la química moderna y formular la teoría de la conservación de la masa, que viene a decir que “la materia ni se crea ni se destruye; simplemente, cambia de estado y se transforma”.
Formulada el mismo año que estalló la revolución, en 1789, la teoría de Lavoisier desató un progreso continuo de la experimentación química que ha proporcionado unos ingentes avances técnicos a las sociedades, y que no han concluido todavía. La Revolución Francesa, en cambio, agotó, en un agresivo movimiento pendular y en tiempo récord, todas las formas posibles de gobierno, con todas las herramientas posibles en manos de sus ejecutores, para proyectarlas repetidas veces en el futuro, sin dejar margen a nuevos inventos. Al parecer, la ciencia contiene más ideas, derivadas y retornos que la política.
Dos siglos y medio después de aquellos acontecimientos, dado que la ciencia abre una ventana tras otra, transitamos desde hace ya unos pocos años por la cuarta revolución industrial, la que agita la sociedad tecnológica capitaneada por la inteligencia artificial y su febril........
