Palabras de Papa
En su reciente viaje apostólico a España, dijo el papa León XIV, en su importante discurso del pasado día 8 en el Congreso de los Diputados, dos cosas de una extraordinaria importancia para el mundo de odio, falta de humanidad, corrupción, arbitrariedad y caos que nos ha tocado vivir.
Dijo, en primer lugar, que hay que huir del insulto y la crispación, tan frecuentes hoy en la vida política, social y hasta familiar, de nuestro país y de fuera de él; que hay que recuperar la cultura del diálogo razonado y amistoso, que es lo único que puede garantizar la concordia y la paz entre las gentes y los pueblos. Para el Santo Padre, “la pluralidad política no debería degenerar en descalificaciones permanentes al adversario. En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos”. En efecto, las palabras deben ser empleadas de forma constructiva, no de forma destructiva, porque, tras los discursos de odio, en que las palabras claudican en su potencial semántico y se convierten en navajazos, tiros o cañonazos dialécticos, vienen los navajazos, los tiros y los cañonazos de verdad. Sabe el Papa muy bien, pues ha sido doctrina de la iglesia cristiana desde siempre, que las palabras son instrumentos de creación, no de destrucción; y que su uso para atemorizar y destruir a la gente supone pervertir su santidad. “En el principio era el verbo, y el verbo era Dios; en él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres”, nos dice el apóstol San Juan en su famoso evangelio. Si pervertimos la función divina de la palabra, que es lo que nos permite pensar, razonar y entendernos mediante el diálogo, y la empleamos como arma de agresión y destrucción, se acabó la humanidad, porque lo que hace humano al hombre es la palabra cordial, la palabra de comprensión. En cierta manera, cuando una persona insulta a otra, deja de ser persona y se convierte en animal. Basta con ver la transformación que experimenta su cara para comprobar hasta qué punto es esto así.
Y la segunda cosa importantísima que dijo el pontífice en su reciente periplo por las tierras de España, en la línea de su encíclica Magnifica Humanitas, recién publicada, es que hay que vigilar ese artefacto demoníaco que llaman, con horrible oxímoron, inteligencia artificial (IA, en siglas, para que parezca más importante de lo que realmente es). En opinión del Santo Padre, “el desarrollo de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial en el ámbito militar exigen una vigilancia ética rigurosa, para que las decisiones sobre la vida y la muerte nunca sean descargadas sobre automatismos ni........
