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El derecho a dormir toda la noche

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13.09.2026

Hay cosas tan elementales y ordinarias que difícilmente pensamos en ellas como un privilegio. Acostarnos por la noche, apagar la luz y despertarnos varias horas después en la misma cama es una de ellas. Podemos dormir mejor o peor, despertarnos antes de tiempo o demorarnos en conciliar el sueño, pero existe una certeza básica que casi nunca debemos reformular, la noche transcurrirá y, salvo algún imprevisto doméstico, natural o climático, podremos atravesarla sin tener que abandonar nuestra habitación buscando un lugar más seguro.

En febrero de este año, Save the Children estimó que los niños ucranianos habían pasado, en promedio, unas 4.000 horas bajo alarmas aéreas desde el comienzo de la invasión rusa a gran escala en febrero de 2022. En Kyiv y en algunas de las regiones más expuestas, la cifra alcanzaba aproximadamente las 7.000 horas. Cerca de la mitad de esas alarmas se produjeron durante la tarde o la noche.

Son números difíciles de dimensionar hasta que dejamos de pensarlos como estadísticas y los convertimos en noches interrumpidas, chicos que deben levantarse, padres que evalúan si hay tiempo para llegar al refugio y colchones que terminan instalados en pasillos, porque una pared interior ofrece algo más de protección.

Unicef relató recientemente la historia de Sasha, un niño de diez años que vive en Kyiv y duerme junto a sus hermanas en el pasillo del departamento familiar. Sus padres consideran que, ante determinados ataques, probablemente no alcanzarían a llegar a tiempo a un refugio. Durante una de las ofensivas aéreas de julio, mientras las explosiones hacían abrir puertas y ventanas, Sasha se cubrió los oídos y colocó sobre su cabeza a Tuzik, su perro de peluche. La escena tiene algo extraordinario y, al mismo tiempo, terriblemente cotidiano. Aprender, jugar, dormir e incluso celebrar cumpleaños bajo tierra forma parte desde hace años de la experiencia de miles de niños ucranianos.

Hay chicos de cuatro años que nacieron después del comienzo de la invasión a gran escala. Otros tenían uno, dos o tres años cuando comenzó. Para ellos, las sirenas, los refugios y las noches interrumpidas no son la alteración de una normalidad que recuerdan. Son parte de la normalidad que están construyendo.

Quizás sea esta una de las consecuencias de la guerra más difíciles de percibir desde la distancia. Estamos acostumbrados a medir los........

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