El gobierno de emergencia: el artefacto y sus límites
Los últimos resultados de la encuesta LCN, en un especial dedicado a los 100 primeros días del presidente José Antonio Kast, muestran una evidencia de gran importancia para la gestión del gobierno y, sobre todo, a la hora de analizar el concepto que estructuró el proyecto electoral de Kast, el “gobierno de emergencia”, que logró vencer con claridad la narrativa que el presidente Boric intentó instalar con la idea de normalización.
El gobierno de José Antonio Kast nació bajo una fórmula poderosa: la idea de un gobierno de emergencia. No era una simple consigna de campaña, sino una forma de ordenar el tiempo político. La emergencia permitía decir que el país había entrado en una zona excepcional y que, por tanto, no bastaba con administrar. Había que corregir, acelerar, imponer prioridades, asumir costos. En ese marco, Kast no ofrecía solo un gobierno de derecha; ofrecía una conducción para un país supuestamente desbordado.
La encuesta de junio muestra que esa fórmula enfrenta su primer límite. Un 53% considera que el concepto de gobierno de emergencia no representa la situación de Chile y que se usa para responsabilizar a gobiernos anteriores. El dato es relevante porque golpea el punto de partida del relato gubernamental. No significa que la ciudadanía niegue los problemas del país, ni que haya desaparecido la demanda de orden. Significa algo más específico: la emergencia, como interpretación global del momento, no logra constituirse en lenguaje común.
Ese es el primer gran problema del gobierno: su relato fundacional aparece discutido. Una cosa es que exista malestar, temor, inseguridad o cansancio institucional; otra distinta es que la sociedad acepte que todo eso compone una emergencia nacional en los términos definidos por el gobierno. La emergencia requiere adhesión al diagnóstico, no solo adhesión al remedio. Si la palabra deja de organizar mayoritariamente la percepción del país, el gobierno pierde parte de la autorización simbólica que necesitaba para operar como gobierno excepcional.
La segunda gran categoría que aparece en la encuesta es la absorción ideológica de la emergencia. Un gobierno de emergencia necesita producir transversalidad: debe ser leído, al menos por una parte significativa de quienes no lo apoyan doctrinariamente, como una conducción necesaria frente a una crisis. Pero la medición muestra una dirección distinta. En el gabinete de Kast, el eje izquierda/derecha explica un 88,3% de la evaluación. Es decir, el gabinete aparece menos como equipo de conducción de crisis que como bloque ideológico.
Esta es una diferencia decisiva. Si el gobierno queda capturado por el eje izquierda/derecha, la emergencia deja de operar como categoría nacional y pasa a funcionar como argumento de una facción. La crisis ya no convoca transversalmente; se convierte en material de polarización. El gobierno puede seguir hablando de emergencia, pero la ciudadanía lo lee desde el conflicto político ordinario. Y cuando eso ocurre, la excepcionalidad pierde espesor:........
