Aprender a pensar el futuro que no existe
El futuro no existe. No es un territorio oculto esperando ser descubierto ni una realidad escrita de antemano que la humanidad deba limitarse a encontrar. Existe como un conjunto de posibilidades. Sin embargo, muchas de nuestras decisiones presentes dependen de aquello que todavía no ha ocurrido. Educamos para un mundo que cambiará, construimos infraestructuras que permanecerán durante décadas y tomamos decisiones cuyas consecuencias alcanzarán a personas que aún no han nacido. Imaginar lo que viene es, por tanto, una necesidad humana, aunque nunca podamos conocerlo por completo.
Con frecuencia confundimos pensar el porvenir con predecirlo. Buscamos pronósticos, modelos y certezas que nos indiquen lo que ocurrirá. Estas herramientas son necesarias para comprender tendencias y anticipar riesgos, pero tienen límites inevitables. La historia está llena de acontecimientos que nadie previó y de transformaciones que parecían imposibles antes de ocurrir. Lo que vendrá no puede reducirse a una prolongación matemática del presente. Reflexionar sobre él exige reconocer la incertidumbre sin renunciar por ello a la responsabilidad de........
