Basta de inventos: todos sabemos cómo se puede salvar a Venezuela
Venezuela no puede seguir postergando la recuperación de la República, rescatar la democracia y preservar la soberanía nacional. Cada vez que el país atraviesa una nueva tragedia, surgen propuestas de toda índole para resolver la crisis. Gobiernos de emergencia, juntas transitorias, administraciones especiales, mecanismos internacionales y múltiples fórmulas burocráticas aparecen como supuestas soluciones definitivas. Sin embargo, la mayoría de ellas comparten un mismo problema de origen: ignoran el principio fundamental sobre el que se sostiene cualquier República, la soberanía popular expresada en la Constitución.
Luego del 3 de enero se ha instalado la idea de que Venezuela se encuentra atrapada en un "equilibrio de fuerzas" imposible de romper. Según esta visión, ninguna de las partes tendría la capacidad de imponerse y, por lo tanto, la salida dependería inevitablemente de la intervención o mediación de actores extranjeros. Esta tesis ha terminado siendo aceptada convenientemente, tanto por la dictadura del rodrigato como por importantes grupos de la oposición.
Pero el problema de esa interpretación es que desplaza el centro de gravedad de la política venezolana. En lugar de colocarlo sobre la voluntad de los ciudadanos, lo traslada hacia potencias extranjeras cuyos intereses no necesariamente coinciden con los intereses nacionales. Ninguna nación imperialista actúa por altruismo. Todas responden a objetivos estratégicos propios. Por ello, depositar el destino del país en factores externos implica renunciar progresivamente a la capacidad de autodeterminación que constituye la esencia misma de la soberanía.
Un país deja de ser plenamente soberano cuando pierde la facultad de decidir sobre sus asuntos fundamentales. En ese........
