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Rotundo fracaso de la izquierda en el poder ¿Participativo, vanguardista o hegemónico? Las oleadas de Trump

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17.04.2026

Cada vez que reflexiono sobre este tema, me pregunto, pensando en mí mismo, ¿para qué me sirve el poder si no puedo lograr mis sueños y termino siendo uno más de los que antes combatí?

No está referida esta reflexión a espacio alguno, sino a una manera de diagnosticar al mundo, al espacio específico, en base a una fórmula, como esas pócimas sanadoras para todos los males. Una manera de mirar al mundo, no tal como es, estrecha, como uno lo imagina y desea.

Imaginarme ser juzgado como juzgo me aterroriza. Juzgar muy mal, dicho así para no decir nada terrible, como sentenciar algo que, al principio vi, como una esperanza, luego derrotado y causando daño por no reconocer mi derrota; ese, "el llegado, aparecido o enviado", por esas fuerzas secretas que imaginé existían, me aterroriza y hasta apena. Y, al decir lo anterior, no solo pienso en personas, individualidades, sino en proyectos, imaginaciones hasta reproducidas en muchos, bastantes y diferentes espacios y tiempos.

¿Cómo seguir dándole pertinencia a un plan, proyecto y a la vanguardia que lo promueve y hasta sostiene, si pese su idealismo bondadoso, terminan acorralados y acorralando a una sociedad merecedora de felicidad? ¿Estuvieron esos proyectos fundamentados en la realidad o simplemente como Quijote, confundieron gigantes con molinos de viento? ¿Es valedero, pertinente y salida "exitosa", justificarse en el enemigo? ¿Es valedero, moralmente aceptable, mantenerse en el poder, viendo a la población hundirse paulatina y constantemente en la miseria, material y moralmente hablando, bajo la excusa que lucho por algo noble y que, algún día, se abrirán la compuertas y, si no se abren, el resistir es valedero porque a quienes eso lideran, "no experimentan, sufren dificultades y menos merodean la pobreza, "por heroicos", les esperan el cielo y hasta abundantes plazas donde colocar sus estatuas.

"Salí derrotado porque él tiene fuerzas, ideas superiores a las mías", es una explicación razonable, sensata y verdadera, cuando los resultados sólo afectan al combatiente pero, ¿no estaba en la obligación de medir eso, pensarlo antes de entrar en el combate frontal? ¿No era conveniente asumir una estrategia diferente, una distinta al combate que asumió? ¿Evaluó adecuadamente? ¿Y qué tan grave es ese proceder cuando afecta a multitudes?

¿Es de él, mi enemigo, la culpa de mi derrota?

Si reflexiono y respondo con equidad, podría evitarme y evitar a muchos incurrir en futuros errores. Pero asumir la derrota, por haber caído en una ingenuidad, mal cálculo o medida inadecuada de las circunstancias, como un acto heroico, por fanatismo, simplismo y hasta oportunismo, conlleva a que otros después, incurran en lo mismo. ¿De qué sirve decir como con orgullo, ¡pero lo enfrenté!, si terminé derrotado y humillado?.

Algo distinto hay por hacer, como entender que hay muchas cosas realizables y abundantes aliados para alcanzarlas; que el bienestar no se logra generando pobreza y destrucción para de allí arrancar. Vale recordar a Neruda en el "Canto a Bolívar":

Por eso es hoy la ronda de manos junto a ti.

Junto a mi mano hay otra y hay otra junto a ella,

y otra más, hasta el fondo del continente oscuro.

Y he tenido que sentenciar a unos cuantos. Pero eso fue culpa de ellos, diagnosticaron muy mal, pese la buena fue; se sustentaron en otros que antes habían fracasado y luego, en lugar de corregir, se empeñaron en intentar hacer lo mismo y hasta al pie de la letra. Fue como buscar en la historia a los derrotados y a ellos, por eso, el haber sido derrotados, viéndolos rondar en solitario, asumirlos como ejes y guías. Por supuesto, en el derrotado, algo bueno siempre hay; y eso es lo que hay que tomar, después de escamarlo y extraerle las vísceras que, con las escamas, se devuelven al mar.

El orgullo, dicho así de la mejor buena intención, se impuso a la razón. Se impuso una infantil adoración por ídolos e ideas sin sustento. Para........

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