¿Regular o socializar la IA?
El desmanejo de la Inteligencia Artificial por su automejora se ha convertido en la pesadilla del momento. Crece el temor a la capacidad de ese sistema para superar las órdenes emitidas por los humanos, a medida que su acelerado desarrollo les permite operar por su propia cuenta.
Ese riesgo fue señalado primero por los empleados de varias compañías del sector en una impactante carta pública. Luego se sumaron algunos directivos involucrados en los proyectos de gestación de una superinteligencia auto mejorante. Advirtieron contra los peligros de la IA y su potencial desencadenamiento de un evento de extinción del planeta. Finalmente, un renunciante de esas compañías compartió su temor a que las computadoras espiralicen los mecanismos de programación de sí mismas. Anunció que la IA podría "matarnos a todos" antes de concluir la década y confesó que esa preocupación es compartida por los principales responsables de ese dispositivo.
En el nuevo clima de pánico desatado por la IA, los popes de OpenAI, Anthropic y xAI han tomado en cuenta el llamado a pausar y controlar su ritmo de auto entrenamiento.
Luego de disentir sobre la conveniencia o factibilidad de esa regulación han sugerido convalidar ese control, aunque sin precisar la forma en que se implementaría esa supervisión. Trump personifica al coro de voces disonantes, que atribuyen a la acción de "fuerzas malignas" cualquier intento de ralentizar el avance de la IA. Señala que con esa pausa Estados Unidos perdería la carrera frente China y convoca a impedir ese resultado.
En medio del creciente miedo a un escenario de ciencia ficción, nadie sabe cuáles son las posibilidades reales de una catástrofe planetaria provocada por la IA. El descontrol a través de "alucinaciones" generadas por sus modelos ha sido un peligro insinuado en varias ocasiones.
El gran temor a la "automejora recursiva" de las computadoras, radica en que los programadores pierdan la capacidad de comprender los lenguajes de la propia IA. De ahí surge el escenario distópico de máquinas que puedan dialogar entre sí y burlar los controles, hasta generar algún colapso financiero, energético, sanitario o político.
El chatbot Claude de Anthropic creaba hace un año el 10% del código base de realimentación de su propio sucesor y en la actualidad genera más del 80% de ese auto entrenamiento. En un incidente severo de gran autonomización, tanto el ChatGPT como el Claude registraron inexplicables descontroles que trastornaron a sus creadores, ante la dificultad para discernir el origen de esas alteraciones.
Esa pérdida de la supervisión humana sobre las acciones gestionadas por la propia IA, se inscribe en la dinámica de las catástrofes que incuba el capitalismo. Ese sistema se rige por la brutal competencia entre empresas, que disputan mercados y beneficios sin tomar en cuenta las incontrolables consecuencias de esa rivalidad.
Por esa razón no pueden gestionar en forma racional, controlada y medida los riesgos técnicos que genera cualquier innovación. Pero el grado de peligro próximo y efectivo del auto entrenamiento de la IA es una gran incógnita.
La campaña de denuncias simultáneas y atemorizantes que convalidan los jefes de la plutocracia digital suscita muchas sospechas. Llamativamente alertan contra los propios productos que ellos desarrollan, promueven y venden y por esa razón, las regulaciones en debate podrían apuntar a garantizar la supervivencia de esas compañías.
Las firmas enfrentan dos amenazas muchos más perceptibles que el fin de la humanidad: la competencia china y el desplome de acciones en Wall Street. No sería la primera vez que los grandes capitalistas consiguen mayores subsidios estatales, para contrarrestar una amenaza gestada, potenciada y magnificada por ellos mismos.
La controversia sobre la regulación de la IA destapa también una contradicción interna del mundo empresarial norteamericano. Por lado, se ubican los sectores dominantes que pretenden proteger su oligopolio mediante la introducción de costosos protocolos de seguridad y normas adversas para las firmas aspirante a ingresar al circuito actual de la IA. Esa es la postura de Anthropic.
Por otra parte, los grandes proveedores de chips promueven ampliar sus mercados y clientes sin ninguna restricción. Es la política que alienta Nvidia. En el medio se ubican las firmas que ya tienen convenios atados al Pentágono y no quieren competidores, pero al mismo tiempo necesitan acelerar la confrontación con China. Esa es la actitud que transmite Palantir.
En cualquier caso, las empresas tienen en mente el autocontrol, en función del plan de negocios de cada una. Nvidia, lanzó por ejemplo una nueva herramienta para prevenir desmanejos que ella misma supervisará, a fin de preservar la monumental supremacía que detenta en el campo de los semiconductores.
Todos los involucrados en el negocio de la IA proclaman que ese dispositivo podría extinguirnos, pero continúan desarrollándolo y afirman que participan en una inevitable carrera contra el competidor chino. Pretenden convencer al mundo que su modalidad de innovación es la única posible y que el futuro pertenecerá a quién controle ese manejo.
El mismo argumento de "fin de la historia" y "fin del trabajo" fue utilizado por el neoliberalismo para justificar la precarización laboral. Ahora, el "fin de la humanidad" es expuesto para consolidar el sostén estatal a los mil millonarios de la casta digital. Gestando ese clima ocultan que el mayor peligro de la IA proviene de su implementación capitalista y no del fetichizado despotismo, que ejercerían los humanoides robotizados sobre los simples mortales.
Discutir los peligros de la IA en los términos de su "alineamiento" benévolo u hostil con la raza humana es un engaño mayúsculo. Soslaya que los dueños y beneficiarios de esa tecnología se enriquecen a costa del grueso de la sociedad, creado terroríficas advertencias para consolidar sus ganancias.
La comparación más frecuente de los peligros de la IA remite a la energía atómica y a la posibilidad de una destrucción de la humanidad por el uso militar de esa tecnología. Desde la Segunda Guerra Mundial todo el planeta ha convivido con esa sombría perspectiva, que al principio estuvo restringida a un choque devastador entre Estados Unidos y la URSS y posteriormente se extendió al significativo número de países que cuentan con armamento atómico.
Esa proliferación ha operado como una disuasión nuclear que paradójicamente limita la multiplicación de las guerras. En la medida que los contendientes cuentan con fuerzas para destruir todo el planeta (y por lo tanto a sí mismos), ese poderío incide como un freno de la escala bélica.
Es un antídoto que operó durante la guerra fría y se acrecentó posteriormente, con la tenencia de bombas atómicas por parte de un mayor número de contendientes. Ese antecedente -que ilustra como el equilibrio del terror contrapesa desenlaces apocalípticos- podría ser extendido en cierta medida al desenvolvimiento de la IA.
Pero esa comparación también recuerda que la inexistencia de un desenlace atómico final ha convivido con la multiplicación de las guerras, las masacres y las tragedias bélicas y que el mayor peligro inmediato de la IA justamente transita por sus aplicaciones militares. Esa utilización ya se verificó en el asesinato de niñas en una escuela de Irán y en los indescriptibles crímenes de Gaza.
La IA está operando en estas sangrías con la directa participación de OpenAI, Anthropic y xAI. ¿La regulación que ahora ellos aceptan, incluiría la prohibición de ese uso mortífero? Al discutir sobre un eventual fin de la humanidad se elude esta pregunta.
Hablando del colapso futuro de todo el género humano se evita debatir el brutal genocidio con IA que se perpetra en Palestina a la vista de todo el mundo. Mientras estos temas sean........
