Lo que el 'no' islandés le dice a Canadá
Lo que el 'no' islandés le dice a Canadá
Reino Unido salió, Noruega nunca entró, Suiza quiere acuerdos, pero no integración, e Islandia ha dejado claro que está bien como está. No son cuatro anomalías, son cuatro avisos
Esteban González Pons
Mañana se celebra en Estrasburgo un histórico debate sobre el estado de la Unión Europea con presencia del primer ministro de Canadá. Se interpreta como un estreno de la alianza de potencias medias que promueve el propio Mark Carney. También traslada un mensaje de solidaridad entre parientes ante las avasalladoras demandas norteamericanas. Sin embargo, la realidad siempre decepciona a los políticos y habrá que explicar por qué, el pasado 29 de agosto, en un referéndum convocado con pareja narrativa a la canadiense, Islandia votó 'no' a reanudar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea.
El Gobierno islandés adelantó la consulta, esperada para el año que viene, movido por razones geopolíticas. Le preocupa que Rusia y Estados Unidos señalen el Ártico como campo de maniobras, y China como 'ruta de la seda polar'; que el presidente Trump anuncie su interés en anexionarse la vecina Groenlandia o que el recién nombrado embajador norteamericano en Reikiavik bromease con que la isla podría llegar a convertirse en un nuevo estado de su país. Parecen argumentos suficientes para buscar la protección de un hermano mayor. Así que Islandia era la candidata perfecta para la UE: democrática, próspera, ya integrada en nuestro mercado interior, situada en un lugar estratégico entre el Ártico y el Atlántico y urgida por las circunstancias a ganar tamaño. Tanto que en la Comisión Europea ya se hablaba de que la incorporación podría producirse tan pronto como en 2028.
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