El cerebro infantil necesita juego físico y movimiento: ¿cómo podemos garantizarlo?
Los entornos urbanos, el sedentarismo y el diseño adictivo de las plataformas digitales reducen tiempo, espacios y ganas de jugar al aire libre. Ante una infancia crecientemente “pantallizada”, recuperar el movimiento y el juego libre es una necesidad de salud pública y educativa.
¿Cómo se puede, desde las políticas públicas, garantizar el derecho al movimiento de niños y niñas, y tejer prácticas cotidianas que devuelvan el cuerpo al centro de la educación y la vida familiar?
Nuestro cerebro nómada
Durante la mayor parte de la historia humana, movernos fue condición de supervivencia, y nuestra biología sigue siendo “nómada”: tenemos un cerebro preparado para explorar, coordinar, anticipar y aprender a partir de la acción. Esta es la razón por la que el desajuste con las condiciones más habituales hoy en día de niños y niñas –sedentarismo, sobreabundancia de estímulos y pantallas– se asocia con estrés crónico y trastornos metabólicos y emocionales. La buena noticia es que la misma palanca que nos modeló sigue disponible: actividad física cotidiana, variada y significativa.
La evidencia científica muestra que moverse impulsa el desarrollo cerebral, regula las emociones, fortalece lazos sociales y mejora el aprendizaje. No es solo una cuestión física: todas las dimensiones que sostienen un “cerebro saludable” mejoran con el movimiento.
Movimiento, funciones ejecutivas y habilidades
La actividad física es buena en sí misma para el cerebro, ya que promueve la plasticidad sináptica y la neurogénesis (creación de nuevas neuronas), modula neurotransmisores implicados en el ánimo y la atención y actúa como factor protector frente al deterioro cognitivo. Pero además, cuando se........
