We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close
Aa Aa Aa
- A +

Escuchar con los ojos

7 2 2
06.08.2022

En las últimas semanas, ha pasado algo interesante en el escenario de la opinión pública. Entre las cartas y columnas de siempre, que reiteran posiciones esperables, han aparecido opiniones como esta anónima, dirigida a unos padres queridos y estimados, a quienes explica no sólo la decisión de votar “apruebo” el 4 de septiembre, sino cómo se dio esta decisión. El texto da cuenta de un cambio en la construcción subjetiva y en la comprensión de un panorama político, y de un ligero desplazamiento en el modo de ubicarse en una historia familiar y tejer lazos. Da cuenta, antes de todo, de una relación nueva con el lenguaje, como si hablar y escribir nos destinara a nacer de nuevo, no necesariamente con menos incertidumbres que las que ya tenemos, pero con algo más: la certidumbre que la pregunta de “quiénes somos” no está resuelta.

Es interesante leer (y responder) la columna de Rafael Gumucio “Defensa de lo gris” a la luz de esta carta anónima: pensar en cómo se combinan, en un espacio político como el nuestro, colores, que supuestamente se dan a la vista, y voces que, al surgir del desplazamiento en la propia historia, nos relacionan necesariamente con algo nuevo, algo inaudito.

En su columna, Gumucio afirma que la democracia “debe ser gris y no multicolor como está de moda hacerlo”. Con esto, el autor parece decir que vestirse con hábitos tradicionales de la cultura mapuche, que destacan por sus colores, no es democrático. Pues, agrega, el gris es el color de la mayoría, y no sólo eso: es la mezcla de todos los colores. El gris nos representa; los colores, en cambio –y de ahí su peligro–, son una reivindicación antidemocrática, separatista, identitaria. Así, para........

© The Clinic


Get it on Google Play