La ley de la pasarela al RETA, una escalera prestada de peldaños inalcanzables
Tres años largos y tres largos años ha costado a los mutualistas abogados y procuradores conseguir que se aprobara una ley que reconociera la inoperancia de una legislación que dejaba a todos ellos en una situación de indigencia tras una larga vida trabajando sin descanso.
Tres años largos y tres largos años durante los cuales se han ido sumando otros mutualistas que se encontraban en la misma situación, aparejadores, arquitectos, ingenieros…
La situación no era ni es cualquiera. La situación es encontrarse que tras 38, 40 o 42 años, no nos podemos jubilar porque nuestras mutualidades nos han engañado.
La historia de cualquier abogado jubilado mutualista de la Mutualidad de la Abogacía se la voy a relatar novelada.
CIEN AÑOS DE SOLEDAD SIN AMPARO DE LA MUTUALIDAD
LA VEJEZ MISERABLE DE LOS JUBILIDOS MUTUALISTAS.
“Sentado ante el ordenador intentando terminar una demanda, los ojos se me nublan, las gafas ya no me sirven. Las cojo, miro sus patillas desgastadas, la montura antigua y los cristales rayados de tantos años, de tanto uso. Me levanto, miro por la ventana. No es mi casa, no es mi barrio, no soy nada de lo que fui. Mis bolsillos vacíos, ya no queda nada en el banco, no me queda nada. Otra vez a empezar, otra vez a luchar, esta vez sin apoyo de mis padres… Las lágrimas afloran en mis ojos y hacen mi visión aún más borrosa y a mi memoria viene el día que fui a jubilarme, feliz tras una vida de trabajo. Entraba en mi Colegio de Abogados, alegre, aunque con un pelín de nostalgia, recordando el primer día que lo pisé. Acababa de terminar la carrera de Derecho, con 22 años para 23, ¡me iba a colegiar para ejercer de letrado! La ilusión de mi vida se hacía realidad. ¡Abogado! ¡Que palabra tan bonita resonaba en mi cabeza! Y allí firmé la documentación que me daban, y en la mesa de al lado mi incorporación en la Mutualidad General de la Abogacía. Todo como tenía que ser. Y sólo me quedaba jurar el cargo para darme de alta en Hacienda y a trabajar. Y eso hice.
Saco un pañuelo de mi bolsillo, me enjugo las lágrimas y vuelvo la mirada a mi querida y raída mesa de trabajo y a ese ordenador que tantas satisfacciones me ha dado, mis únicos bienes materiales. Y ahora con la edad encima, esa vejez que debía de ser pacífica, mis recuerdos se vuelven agrios. Sentado ante la mesa de la delegada de la Mutualidad mi mente se empaña, no alcanzo a comprender. ¿Cómo que tras más de 40 años de trabajo mi pensión no alcanza mas de 400€? y porque soy del género masculino si no hubieran sido 300€. ¡Los hombres tenemos suerte! He pagado religiosamente. He invertido mucho dinero, seguro privado de salud, impuestos…
-¡Ah!- me dice Angustias- Es que la Mutualidad cambió el sistema, ¿no se enteró usted?, tenía que haber sido mas previsor. Le recomiendo que reciba usted su pensión, si quiere percibir mas al mes…, en menos años.., unos 10 años estaría bien, puede usted seguir en activo, y si quiere y tiene una vivienda también tenemos un producto, la hipoteca inversa, con la que puede recibir un estupendo complemento mientras viva.
Mientras Angustias me habla casi sin respirar contándome........
