Lo que el SIPRI no contabiliza: El gasto militar español superó los 66.000 millones en 2025
rcusión del enorme coste militar en la deuda, tanto a amortizar año tras año, como en la nueva que se adquiere también año tras año.
Reconozco que el informe del SIPRI no es un lugar para detallar el caso de España y ofrecernos satisfacción (probablemente otros países también hacen trampas, como he podido comprobar en el caso colombiano, por ejemplo, o en otros países de nuestro entorno a cuyos datos “oficiales” he podido acceder en un idioma más o menos accesible para un sujeto como yo). Pero ¿debemos dar por completos y definitivos los datos del SIPRI? ¿Cómo los obtiene o quién se los proporciona?
Sería bueno tener claridad y que las cifras nos las ofrezcan las fuentes oficiales con luz y taquígrafos y sin sombra de duda para poder someterlas al sano escrutinio público y contrastarlas de forma adecuada.
Insisto que no es esta la función del SIPRI y que su informe, en líneas generales, es el mejor indicador que tenemos de una fuente independiente y sólida para comprender el panorama global de rearme y militarización a escala mundial.
En su defensa debemos añadir que es de suponer que utiliza el mismo criterio para cuantificar el gasto militar que los diferentes estados se empeñan en ocultar y adolecerá de los mismos defectos y virtudes en la cuantificación de todos ellos.
1.- ¿Por qué mi insistencia en desglosar “todo” el gasto militar oculto que seamos capaces de detectar?
¿Por qué me interesa tanto insistir en que el SIPRI muy probablemente minusvalora partidas del mismo o que, como poco, hayamos de tomar la referencia de sus cifras como una estimación prudente o de mínimos muy minimísimos?
España lleva experimentando un ciclo amplio de rearme no desde hace uno o dos años, sino al menos desde los tiempos del ínclito Aznar y sus programas de modernización y profesionalización militar, con una ralentización (que no quiere decir cambio de tendencia) en tiempos del no menos provecto Rajoy y un acelerón desmesurado con el Dios Sánchez y sus aliados.
En este contexto doble (ciclo amplio de rearme y ventana de oportunidad del relato del rearme con el trumpismo de fondo del último bienio) señalar con el dedo las múltiples partidas “dispersas” y a lo tonto que pagan gasto militar fuera del presupuesto de defensa y consignar el peso de deuda y compromisos a futuro que -cual patada adelante- dan nuestros políticos para encadenarnos a compromisos de pago militar, creo que resulta de especial importancia para alertar a una sociedad más despreocupada (por ser suaves) y desarticulada (por ser optimistas) de lo que quisiéramos sobre la sombra que se cierne sobre nuestras vidas.
Porque si nos limitamos a esa especie de seguidismo instrumentalizado por el PSOE y sus palmeros de una paz paleta, bajo paraguas OTAN y UE y de palomitas de la paz de plastilina (que no esconde sino el refuerzo y la transversalización del militarismo en detrimento de la seguridad humana), tal vez pronto nos despertemos encerrados en un cuartel gigante donde nos traten como piezas de un engranaje que ni nos beneficia ni deseamos.
A mí me pasa un poco como a Manuela Carmena, que confiaba mucho en la reinserción: Yo confío mucho en la capacidad societal de movilizar sus mejores energías y en la aportación de instrumentos de empoderamiento desde abajo para poner pie en pared a las constantes tropelías que impone el poder y confío mucho menos (de hecho casi nada) en la capacidad de la lobyesfera pacifista para convencer en base a sus buenos argumentos y a la apelación a la ética a esa caterva de políticos despiadados y ombliguistas (a izquierda y derecha) de nuestro medocrísimo panorama institucional.
En este plano, denunciar cada euro cuenta (como he dicho en otro lugar, con un esfuerzo mayor para los más pobres que para los más ricos en el sostenimiento financiero de nuestro militarismo, aunque, curiosamente, sirva más bien para defender a los más ricos y a sus privilegios, no tanto a los más pobres) pero, sobre todo, cuenta la identificación del colaboracionismo “civil” de tantas políticas, ministerios, funcionarios y otras hierbas en cada partida, programa, institución, ministerio o política, precisamente porque nos permite mejor señalar y luchar contra el mismo en todos sus apoyos.
Al menos así podemos identificar también a quién hay que señalar con el dedo y ante quién debemos ejercer nuestra capacidad de desconexión, desobediencia, resistencia y lucha.
2.- ¿Por qué creo que el informe del SIRPI debe entenderse como un dato de mínimos, pero no refleja toda la magnitud de nuestro gasto militar?
Volviendo a los datos SIPRI, me imagino, solo me imagino, que la cifra y las explicaciones de su desglose que ofrecen los medios proceden de los traductores del resumen ejecutivo del informe SIPRI en español/catalán: la fundación Fundipau, que en las diversas notas de prensa que he leído aclaran que el SIPRI llega a la cifra de cerca de 40.000 millones de euros, añadiendo a lo que gasta Defensa otras sesenta partidas más (yo he contabilizado 77 y por fuera de los programas ministeriales infinidad de acuerdos, resoluciones, convenios y otras fórmulas que se traducen en pagos al militarismo) fuera de dicho ministerio.
Suena bien la música; identifica cómplices a los que pedir que rindan cuentas, obligar al control y la transparencia de esta imaginación contable del PSOE y su política de defensa, someter al escrutinio público el choteo de las cuentas y los cuentos de defensa… Pero me parece que no cuadran las cifras y tengo algunas buenas razones para sospecharlo.
La primera es que las cifras que yo mismo he aportado desde hace años no han sido desmentidas, ni en el ejercicio 2025 ni en los anteriores, por ningún medio oficial. Y es curioso, porque hay varios diarios de sesiones, tanto de la comisión de defensa como de preguntas parlamentarias, donde diputados como Rufián, Centella (ya defenestrado) u otros más recientes han mencionado mis estimaciones o a las de Utopía Contagiosa en su momento a portavoces oficiales de defensa y estos no las han desmentido, sino eludido y dejado pasar.
Precisamente hace un par de semanas me entrevisté tomando un café con un reportero de un prestigioso medio por otras razones y me hizo esa misma pregunta ¿te han desmentido las cifras alguna vez? Le conté varias anécdotas al respecto, pero el resumen es que no y no sólo no, sino que más bien han dado a entender que sí, que tal vez, que en efecto.
La segunda es que, la contabilidad del gasto militar español es tremendamente confusa y la principal confusión obedece a los distintos conceptos de gasto /inversión militar que utilizan los organismos oficiales y a que el gasto del ministerio de defensa es solo una parte (mínima) del gasto militar español, disperso y encubierto en partidas aparentemente inocentes.
Lo explico: En los propios organismos oficiales contamos con lo que afirma el ministerio de defensa en los PGE, diferente de lo que afirma la IGAE en sus avances de liquidación de gasto, diferente a su vez de lo que afirma el gobierno y lo que el gobierno reporta a la OTAN. Cuatro afirmaciones oficiales y ninguna coincidente. Por su parte el Banco Mundial dice que España gastó en 2025 34.265 millones de euros, la OTAN lo sitúa en 35.000 millones, el SIPRI en 39.400, el IISS en 40.200, y así sucesivamente.
Incluso, si seguimos la cuantificación que en su día ofreció Pere Ortega, del Centre Delàs, por ejemplo, en la revista Mientras Tanto “12 argumentos y alternativas al belicismo y al rearme” hace unos meses, u otras de las que se ha hecho también eco la prensa, España podría llegar con los créditos aprobados en 2025 a los 53.000 millones de euros de gasto militar, más de 13.000 millones por encima de la estimación del SIPRI.
El baile de cifras, como se ve, es monumental y responde en mi criterio a varias cosas:
– Una, el criterio, como he dicho antes, de qué es gasto militar y qué no lo es.
-Dos, la deliberada dispersión y ocultación de este por parte del gobierno, tanto dentro como fuera de los presupuestos.
-Tres, la propia dificultad de detectarlo.
-Cuatro, la necesidad de acudir en muchos casos a estimaciones y comparaciones evolutivas de partidas (por ejemplo, en subvenciones y ayudas duales o militares a empresas, partidas inespecíficas e “inocentes” que acaban financiando actividades del militarismo como por ejemplo la subvención a escuelas infantiles militares, centros de formación, fondos de resiliencia y similares).
-Y cinco, el mayor o menor acierto de quienes intentamos estar al día en esta materia a la hora de detectar lo que deliberadamente esconden.
Mi tercer argumento es que, sumando partidas en diferentes programas, así como el gasto consignado en el avance de diciembre de la Intervención General de Estado tanto para defensa como de los otros ministerios, así como los avances de organismo autónomos, seguridad social y clases pasivas y todos los avances de ejecución del SIPRI, no me salen las cuentas, porque las ejecuciones y acuerdos del Consejo de Ministros las desbordan y no encuentro una explicación clara a las diferencias que me lleve a retractarme o matizar las mías.
Me imagino que la estimación de datos que los informadores del SIPRI han realizado ha usado algún tipo de criterio de gasto propio del SIPRI que permita hacer medibles, de forma comparativa, los gastos de España con los de otros estados consignados por SIPRI. Tal vez unos criterios que dejan fuera gastos que, para mí, son inequívocamente gasto militar. Tal vez a partir de ahí, han excluido partidas no suficientemente desglosadas, o que pudieran causar polémica en la discusión con los organismos oficiales, o indisponerlos cuando no es el objetivo, o que no son mensurables con los presupuestos de otros países y se busca más la media comparativa que la singularidad brutal del gasto español. No lo sé, y me supongo que a alguna buena razón debe responder.
Esto podría explicar la desestimación de partidas que yo incorporo porque entiendo que tienen un nítido contenido militar (por ejemplo, la parte proporcional de gasto imputable a actividad militar de AEMET, los gastos que hacen diversos ministerios para infraestructura, logística o aparatos que opera la Guardia Civil, la Armada o la UME y que pagan otros ministerios, la parte de presupuestos de la Casa Real, Parlamento, Centros Universitarios de la Defensa u otros que sirven para pagos de carácter militar, la formación profesional conveniada con Defensa para los militares u otras partidas educativas, etc.).
Pero así y todo veo demasiada distancia (casi 40.000 millones /más de 65.000 millones). Tal vez se deba también (tendríamos que cruzar datos para saberlo) a los criterios de cómputo de las partidas plurianuales, de los fondos de contingencia de carácter militar (por ejemplo, para pagos de la DANA disfrazadas de partidas de interior u otras, o para partidas para suplementos a sueldos militares o guardacivilescos) al conteo de las cantidades otorgadas a Ucrania y no computadas o, sobre todo, a la deuda militar.
3.- Una aproximación a las cuentas del SIPRI, el documento FACT SHEET DEL CENTRE DELÀS D’ESTUDIS PER LA PAU de abril de 2026, llamado EL GASTO MILITAR DE ESPAÑA DE 2025.
Doy por supuesto que el SIPRI fija su estimación a partir de los datos que, por ser muy coincidentes en la cifra final, ofrece el Centre Delàs en sus estimaciones. Y también que el Centre Delàs las ofrece utilizando algún tipo de criterio previo que usa el SIPRI para cuantificar gasto militar comparable entre países.
Déjenme decir que el Centre Delàs es un instituto de investigación pacifista que me merece todo el respeto como uno de los principales puentes entre el pensamiento/acción pacifista y la sociedad civil, mediante la divulgación de distintos trabajos que abundan en muchos de los planos de preocupación del pacifismo y si me apuran, que, según mi criterio, viene adquiriendo en los últimos tiempos un punto de vista cada vez más cercano a las propuestas que aspiran a una paz positiva más allá de la paz fría o armada y del desarme clásico, e incluso ofrece un buen muestrario de crítica antimilitarista y en pro de la desmilitarización y el cambio de mentalidad.
También ejerce un papel de lobby comunicacional y ante las élites políticas de sobra conocido.
Yo procuro reconocer sus méritos en mis escritos cada vez que hago uso de un material o de un dato suyo, porque entiendo que es la manera correcta de obrar: citar lo que se toma de otro lugar o como préstamo.
De hecho, precisamente porque en materia de gasto militar mis criterios y los suyos pueden ser tal vez complementarios, pero no coinciden o no se dirigen al mismo tipo de preocupaciones, me he pensado mucho si escribir este texto, porque no me gustaría que se entienda como una crítica ni como una enmienda, sino como un esfuerzo por profundizar en una materia que, como he dicho, es ardua y penosa y donde no es fácil auditar un gasto deliberadamente escondido y encima se mezclan criterios de interpretación diferentes y visiones ideológicas no siempre coincidentes.
Volviendo a nuestra preocupación, copio el cuadro/desglose del gasto militar 2025 que el Centre Delàs proporciona en el citado texto (https://centredelas.org/wp-content/uploads/2026/04/Fact-Sheet-Centre-Delas-Gasto-militar-2025-web.pdf):
El Centre Delàs ofrece una explicación del cuadro: a lo presupuestado inicialmente (tenemos unos presupuestos prorrogados desde hace año) se ha añadido la suma de partidas que tradicionalmente Delàs (y a estas alturas todo el mundo) incluye como gasto militar disfrazado fuera de la sección de defensa (Guardia Civil, Organismos autónomos militares, exteriores e industria) y se señala que hay otro 8.586,87 millones de créditos extraordinarios (a los que en el cuadro denomina “diferencia presupuesto inicial/liquidado). No profundiza en las partidas a las que han ido a parar esos créditos, aunque de algunos sabemos por los acuerdos del Consejo de Ministros su destino mediante el abuso de fondo de contingencia (casi 2.000 millones) y otras partidas de otros ministerios.
En todo caso, y pese a este interrogante, me parece que dicha tabla es un referente importante como punto de partida comparativo con mis estimaciones diferentes.
4.- ¿Qué partidas de gasto militar creo que hay fuera de Defensa?
Como parece que, concepto arriba o abajo, tenemos cierta coincidencia en que hay muchas partidas de gasto militar fuera de la sección de defensa (77 al menos según mis últimos cálculos y 60 según la nota de prensa que se proporcionó por los divulgadores en España del cálculo del SIPRI), merece la pena hacer un recuento de las mismas para saber de qué estamos hablando.
Hago la salvedad de que es posible que me quede corto o que la creatividad siempre en evolución de los hacedores de nuestras cuentas públicas incorpore otros que me pasen desapercibidos.
Organismos autónomos militares (ISFAS, INTA e INVIED).
OOAA por cuotas M. Hacienda A ISFAS (Programa 923S).
Pensiones militares y a familiares (Sección 7, programa 211B).
Otras pensiones especiales (Sección 7, ministros y trabajos especiales)
Pensiones de guerra (Sección 7, programa 212 B).
Casa del Rey (Sección 01).
Cortes Generales (Sección 02).
Actos y recepciones militares del Rey (Sección 25, programa 337 A de los PGE 2023, ahora integrado en la sección 13 al haberse refundido presidencia y justicia).
Retribuciones y gratificaciones personal militar al servicio del rey (Sección 25 911Q de los PGE de 2023, ahora en sección 13).
Formación guardia civil, incluyendo transferencias a Centro Universitario Guardia Civil y a Academia Zaragoza.........
