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Rusia electoral, por Fernando Mires

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26.09.2021

Twitter: @FernandoMiresOl

A primera vista, el panorama político que ofrecen los resultados de las elecciones parlamentarias que tuvieron lugar el domingo 19 de septiembre en Rusia es desolador. Aunque, en verdad, nadie esperaba otra cosa, ni dentro ni fuera del país. El partido del Estado putinista, Rusia Unida, aseguró la primera mayoría. La oposición y gran parte de los observadores extranjeros –pese a que fueron extremadamente controlados– constataron fraude. Un fraude lógico y evidente.

Ningún gobierno relativamente democrático, en medio de una fuerte crisis económica, de una desatada inflación y de un alto índice de infección pandémica, puede alcanzar la mayoría absoluta en ningún país. Solo bajo las condiciones imperantes en la Rusia de Putin ese milagro es posible.

Nada extraño, entonces, es que, de acuerdo a las principales fuentes informativas, los resultados llevan a lo que el régimen pretende: a incentivar el conformismo, a la desmoralización de los opositores, a la resignación ciudadana, y sobre todo, a la emigración no hacia afuera, sino hacia la vida privada, lejos de la política. A primera vista eso es así, pero insistimos, solo a primera vista.

Una mirada menos apresurada del proceso electoral puede, sin embargo, llevar a otras percepciones. Una de ellas es que los fraudes, cuando son tan abiertos, no siempre favorecen al régimen.

Ni en la imagen que quiere proyectar hacia el mundo ni en la legitimidad nacional Putin ha ganado puntos. En el fondo se ha encerrado él mismo, y con ello a Rusia, en una contradicción insalvable. Dicha contradicción deriva de su doble proyecto histórico: el de intentar reconvertir a Rusia en una nación imperial y el de servir de ejemplo a otras naciones.

El problema que seguramente no ha captado es que ambos objetivos no son paralelos sino antagónicos. Para reconvertir a Rusia en un gran imperio, Putin necesita ejercer poder absoluto y ese solo puede expresarse en una mayoría electoral también absoluta. A Putin, para decirlo en pocas palabras, no le sirven las mayorías relativas ni mucho menos coaliciones de gobierno que lo obliguen a hacer compromisos poselectorales. Si quiere ser fiel a su proyecto, está obligado a jugar a la política del todo o nada. Y cuando no puede alcanzar el todo, no tiene más alternativa que forzarlo. Así ocurrió en las elecciones parlamentarias del 2021.

Los fraudes sostenidos de los que ha venido haciendo gala el régimen de Putin corresponden a su proyecto........

© Tal Cual


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