Un puñetazo más
Cierto es que se disputan muchísimos encuentros en todas las categorías pero también lo es que la violencia, en alguno de sus diferentes tipos, está siempre presente
Esteban Andrada, sujetado por Iñigo Pina en un primer enfrentamiento con Pulido durante el derbi. / Jaime Galindo
Es un caso más. Un caso más entre cientos y miles de desgraciados ejemplos. De hecho, es la tónica cada semana. Cierto es que se disputan muchísimos encuentros en todas las categorías pero también lo es que la violencia, en alguno de sus diferentes tipos, está siempre presente. Da igual que el partido sea de la primera división o de niños de seis años, da igual que sea fútbol que fútbol sala, que se dispute una final o que el envite sea amistoso. La violencia siempre está presente. Y lo está por el modelo de fútbol que se ha cimentado a lo largo de los años y que hoy supone una confrontación identitaria en la que los rivales son abominados como integrantes de una comunidad ajena. Todo ello en un contexto social y político en el que la violencia es observada como una herramienta más, como una posibilidad más. Se promueve desde las esferas de poder más altas y se ejercita prácticamente sin consecuencias. Estados Unidos, la falaz democracia más importante del mundo, ha bombardeado más de una decena de países desde la vuelta de Trump a la presidencia, aniquilando el derecho y la legalidad internacional que, antes, al menos suponía un marco de convivencia respetado. Ahora el mensaje político (ligado al económico) es cruel y la ideología en expansión no promete una vida mejor, simplemente garantiza que los rivales (y supuestos culpables de todos los males) estarán........
