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Inzunza. De Badiraguato a Brooklyn (con escala en el cinismo)

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03.05.2026

“Cuando el crimen se vuelve sistema, la ley deja de ser límite y se convierte en instrumento”. Luigi Ferrajoli

“Cuando el crimen se vuelve sistema, la ley deja de ser límite y se convierte en instrumento”.

“El crimen organizado no es un fenómeno marginal, sino un modo de organización del poder”. Diego Gambetta

“El crimen organizado no es un fenómeno marginal, sino un modo de organización del poder”.

Hay sonrisas que no duran lo que dura todo un ciclo político. Hay sonrisas que apenas alcanzan para la fotografía del fin de semana en el terruño, antes de que la geografía cambie de golpe: de la Comisión Permanente a una celda con número.

Hay sonrisas que no son expresión de tranquilidad, sino de cálculo. La de Enrique Inzunza entra en esa categoría: sonrisa de dos días en Badiraguato; sonrisa de video bien editado, sonrisa de “aquí sigo”, como si la presencia física sustituyera la fragilidad política. Una sonrisa que no es certeza, es apuesta. Y cinismo. Si bien, hay que reconocerles, la han sostenido más de lo que uno pensaría. A ver al senador cuánto le dura…

Anuncia que no pedirá licencia. Traducción: no suelta el fuero. Y hace bien, si lo que busca es tiempo. Ignacio Burgoa lo dejó claro hace décadas —y Morena lo ha convertido en manual de supervivencia—: la licencia para los legisladores no extingue la protección, el juicio de procedencia sigue siendo el cuello de botella. Así que no hay heroicidad en quedarse; hay instinto. El escaño como escudo, la Comisión Permanente como trinchera, la Constitución como paraguas… selectivo.

En ese interregno, los actores se mueven con la lógica del miedo. Miedo a la extradición. Miedo a la captura. Miedo, incluso, a sus propios aliados. Porque en estructuras donde el crimen y la política se entrelazan, el silencio no solo se compra; también se impone. Y cuando ese silencio corre riesgo, las salidas se reducen: negociar o desaparecer, colaborar o callar para siempre. Por eso la sonrisa dura poco.

Porque detrás de la pose de firmeza hay una realidad mucho más cruda: estos personajes no controlan el desenlace. Son piezas en un juego mayor donde convergen intereses criminales, presiones internacionales y la necesidad urgente de un gobierno de contener una crisis que ya no es narrativa, sino estructural.

Badiraguato deja de ser un símbolo folclórico para convertirse en metáfora política: el punto de origen de una red que alcanzó el centro del poder y que ahora empieza a deshilacharse bajo la mirada de otros. No por virtud propia, sino por incapacidad sistémica.

Y en ese deshilacharse, lo que está en juego no es solo el destino de un senador que presume arraigo local mientras negocia su futuro global. Lo que está en juego es la viabilidad de un régimen que prometió ser distinto y terminó reproduciendo, con nuevas siglas, las viejas lógicas de captura, impunidad y simulación.

La celda, en ese contexto, deja de ser una amenaza lejana y se vuelve una posibilidad concreta. No para todos. Pero sí para algunos. Y a veces, en política, con que caigan algunos, alcanza para que todo lo demás empiece a moverse.

Pero volvamos a la escena; esta es casi literaria en su torpeza: el senador que se dice dispuesto a comparecer “ante las autoridades........

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