Luto en el diamante: Muere a los 80 años Davey Lopes, leyenda de los Dodgers
El mundo del beisbol se ha vestido de luto este miércoles tras confirmarse el fallecimiento de Davey Lopes, una de las figuras más emblemáticas y queridas en la historia de los Dodgers de Los Ángeles. El legendario jugador murió a la edad de 80 años en un hospital de Rhode Island, rodeado de su familia, tras enfrentar complicaciones derivadas de la enfermedad de Parkinson. Antes de su traslado al hospital, Lopes había estado recibiendo cuidados en un centro de cuidados paliativos.
Lopes es recordado principalmente por ser un componente vital del que quizás sea el cuadro interior más famoso y duradero de las Grandes Ligas. Durante gran parte de la década de los 70 y principios de los 80, formó junto a Steve Garvey (1B), Bill Russell (SS) y Ron Cey (3B) un cuarteto defensivo que estableció un récord de longevidad al disputar 833 juegos juntos. Su liderazgo fue tan marcado que en 1977 fue nombrado el quinto capitán en la historia de la organización angelina.
Su especialidad indiscutible fue la velocidad y la eficiencia en las almohadillas. A lo largo de sus 16 temporadas en las Mayores, donde también vistió las franelas de los Atléticos de Oakland, Cachorros de Chicago y Astros de Houston, Lopes acumuló 557 bases robadas. Esta cifra lo sitúa en el puesto 26 de todos los tiempos, pero lo que realmente asombra es su tasa de éxito del 83%, una eficiencia superior a la de inmortales como Rickey Henderson o Lou Brock. En 1975, impuso un récord (superado años después) al estafarse 38 bases consecutivas sin ser atrapado.
Más allá de su velocidad, Lopes fue un jugador completo: ganó un Guante de Oro, fue convocado a cuatro Juegos de Estrellas y conquistó dos anillos de Serie Mundial (uno como jugador en 1981 y otro como coach con los Filis en 2008).
Tras su retiro en 1987, extendió su carrera por casi tres décadas más como instructor y manager, dejando una huella imborrable en equipos como los Cerveceros de Milwaukee, a quienes dirigió entre 2000 y 2002. Su partida marca el fin de una era para los aficionados que crecieron viendo a aquel equipo de los Dodgers que dominó la Liga Nacional con garra, elegancia y una velocidad electrizante.
