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Otras dimensiones aprovechables en las universidades

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10.01.2026

Para quienes somos hechuras y estamos comprometidos con la academia no hay excusa que valga para pretender escurrir el obligado debate y la plural confrontación, que abra horizontes y despliegue nuevas miradas por el futuro de la universidad.

Parece un atrevimiento teñido de audacia que escrutemos a la universidad desde sus interioridades.

Eso es lo hermoso. Aunque produzca vértigos.

Quiénes más sino nosotros, en sentido genérico, para reconocer -luego del diagnóstico más descarnado- que algunas Universidad han devenido en unas estructuras conservadoras; que poco o nada han hecho para ir adaptando sus mecanismos y procedimientos conforme a las exigencias de los tiempos actuales; con lo cual admitimos que bastantes realidades externas llevan un ritmo de aceleración superior en todo; valga decir hasta para la construcción de conocimientos.

Pensemos, por ejemplo, en los procesos de tecnologización de las informaciones.

Seamos autocríticos y aceptemos que unas cuantas universidades se han vuelto endogámicas.

No temamos en reconocer que muchas instituciones universitarias sólo han tenido tímidos intentos para crecer y reproducirse únicamente hacia adentro.

Por otra parte, añadimos con tristeza que casi no conseguimos escenarios serios para la confrontación de ideas, para discutir sobre teorías de cualquier época o disciplinas.

En su mayoría, esos otrora ámbitos del discernimiento de pensamientos se volvieron campos vacíos de creatividad o de diálogos improductivos; o han devenido en trincheras de la politiquería y la descalificación.

En vedad, lo que conseguimos en “algunas universidades” son puras tautologías, repeticiones.

Digamos que generan problematizaciones planteadas en contextos pasados; y que fueron curadas con sus propios “medicamentos sociales”. ¿Anacronismo, tal vez?

Asuntos dirimidos ya con mucha anterioridad.

Acaso es mentira que algunas de nuestras universidades sufren de entrabamientos burocráticos. Que están aquejadas de una deplorable desestructuración en su organicidad y en su conexión externa; que están demasiado ideologizadas.

La descontextualización en que se encuentran las ha hecho perder pertinencia social; y como consecuencia pertenencia e identidad en su mundo de vida.

En consecuencia, con tal diagnóstico que casi bordea el catastrofismo – y porque anhelamos a la Universidad en constante combate, sin entregas obsequiosas a nadie- se asoman variadas opciones y percepciones asombrosas.

Veremos que “algunos universitarios” se seguirán haciendo los locos; otros tantos que pasarán   displicentes, indiferentes como que la cosa no fuera con ellos. ........

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