La culpa es de …
¿Quién se comió la galleta del jarrón? —Fue José. —No, no fui yo. —Entonces, ¿quién? —Fue Diego. Y así puede continuar indefinidamente la cadena.
Esta es una conocida canción infantil que ha acompañado generaciones: nos entretiene, pero también refleja cómo, desde pequeños, aprendemos a trasladar la culpa.
Una lección que, al parecer, este gobierno ha interiorizado muy bien. ¿Quién se comió el mal manejo de las finanzas públicas? Han culpado a empresarios y “ricos” por supuestamente no pagar lo suficiente, pese a que el país tiene una de las cargas tributarias más altas del mundo.
También a los sectores financiero y minero-energético, señalados por su “baja contribución”, cuando enfrentan las mayores cargas sectoriales y han sido históricamente fundamentales para las finanzas públicas y la inversión.
A esto se suman congresistas que no aprobaron reformas tributarias inconvenientes, el gobierno anterior por las deudas heredadas e incluso sus propios exfuncionarios por decisiones adoptadas durante esta misma administración.
Sin embargo, la responsabilidad nunca parece recaer sobre ellos mismos. ¿Quién se comió el incremento de las tasas de interés? El principal señalado ha sido la Junta del Banco de la República por el aumento de tasas ante el incremento desproporcionado del salario mínimo y su efecto en la inflación, incluso cuando el propio gobierno ha nombrado a la mayoría de sus miembros y ha reconocido ese aumento de precios en sus proyecciones.
También se ha responsabilizado a los bancos por no reducir suficientemente las tasas, insistiendo en fallidos esquemas de inversión forzosa. Ahora se suman los analistas financieros —grupo al que pertenezco—, acusados de favorecer intereses bancarios, cuando un aumento de tasas afecta a los propios bancos y sesgar el análisis compromete la credibilidad, nuestro activo más valioso.
Nuevamente, la culpa nunca es propia. ¿Quién se comió el riesgo de la estabilidad macro? Los mismos actores suelen ser señalados. Pero el riesgo aparece cuando ya no quedan a quienes culpar y el señalamiento se traslada a las instituciones, que empiezan a peligrar.
Esto se evidencia en el manejo de la regla fiscal, esquivada hasta suspenderla; en la reiterada declaración de emergencias económicas para evadir el trámite ordinario de las reformas tributarias; y en la inédita aprobación del Presupuesto General de la Nación por decreto.
Aún más preocupante resulta la salida del Ministro de Hacienda de la Junta del Banco de la República, anunciando su “distanciamiento”, lo que sugiere una intención de debilitar al principal guardián de la estabilidad macro, especialmente cuando su presencia es necesaria para la deliberación.
Dejemos este juego de culpas en manos de los niños. El país necesita adultos que asuman responsabilidades y tomen decisiones. De lo contrario, no quedarán actores ni instituciones a quienes culpar frente a una crisis inevitable si no se corrige el rumbo.
César Pabón
Director de Investigaciones Económicas de Corficolombiana.
