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Ovación en pie en honor a Julio Iglesias

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23.01.2026

A las cinco de la madrugada del 1 de mayo del año 2010, la joven Shannan Gilbert se escapa visiblemente alterada y aterrorizada de la casa de Joseph Brewer, en el elegante barrio de Oak Beach, en el condado de Suffolk, Long Island. Tras golpear las puertas de varias casas del vecindario suplicando ayuda, y mientras habla por teléfono con el responsable de emergencias, corre en dirección a las marismas y desaparece. La policía de Suffolk tardará más de un mes en investigar su desaparición. Será el agente John Mallia quien finalmente lo haga por iniciativa propia. Junto a su perro Blue la buscará infructuosamente durante todo el verano. Sin perder la esperanza, Mallia retoma la búsqueda en el mes de diciembre y se topará con los cuerpos de cuatro mujeres, aunque ninguno de ellos es el de Gilbert, cuyos restos aparecerán un año más tarde. En los siguientes meses otras seis víctimas más serán descubiertas en los alrededores de la playa de Gilgo, entre ellos el de una bebé de apenas veinte meses, y la policía se verá obligada a reconocer que hay un asesino en serie suelto en Long Island que lleva asesinado mujeres desde, al menos, el año 2007.

Y sin embargo tardarán otros catorce años en dar con él, y eso que desde el principio contaban con una descripción detallada de su físico, sabían el coche que usaba e incluso tenían sus iniciales, que estaban grabadas en la hebilla de un cinturón que utilizó para asesinar a una de sus víctimas. Catorce años de corrupción y negligencia en los que se ignoró y se vilipendió a las familias de las víctimas. Pero estas, a pesar del estigma y de las presiones políticas, nunca se dejaron amedentrar y exigieron justicia para sus hijas, hermanas y madres, cuyas desapariciones ni siquiera se llegaron a investigar en su momento. Porque eran mujeres, porque eran pobres y porque eran trabajadoras sexuales. Y sus vidas -y sus muertes- no importaban.

Y es que la fascinación mediática por este caso se ha centrado casi exclusivamente en torno a la figura del asesino,........

© Público