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Cuando enseñar no basta: Cómo el diálogo transforma el aprendizaje adolescente

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15.04.2026

En tiempos donde muchos adolescentes y jóvenes parecen callar, tal vez el desafío no es que hablen más, sino que aprendamos a escucharlos mejor.

Del 6 al 10 de abril viví una experiencia que no solo fortaleció mi manera de ver el liderazgo, sino que transformó profundamente mi forma de entender la educación y la comunicación con adolescentes.

Fui parte de la Formación en Liderazgo Colaborativo y Transformacional 2026, organizada por la Escuela Iberoamericana de Liderazgo “Nicolás Castellanos Franco” y Libre Fundación, realizada en la Casa Juan XXIII, en el Plan 3.000 de la Ciudad de la Alegría. Durante cinco días intensos, compartimos aprendizajes, dinámicas y reflexiones que dejaron huella en cada uno de los participantes.

No éramos un grupo cualquiera. Éramos 15 personas provenientes de realidades diversas: presidentes de juntas vecinales, representantes de niños y jóvenes trabajadores de la calle, líderes indígenas, directores de unidades educativas, responsables de casas de acogida, jóvenes defensores del medio ambiente y comunicadores comunitarios. Diferentes historias, pero un mismo propósito: generar cambios reales en nuestras comunidades.

MÁS ALLÁ DE ENSEÑAR: APRENDER A DIALOGAR

Uno de los aprendizajes más significativos fue comprender que enseñar no siempre es suficiente. Muchas veces creemos que educar consiste en transmitir conocimientos, dar instrucciones o corregir errores. Sin embargo, este enfoque deja de lado algo esencial: la capacidad de escuchar y construir junto al otro.

En este proceso fue clave el acompañamiento de la facilitadora Andrea Toro, una persona muy capaz y profundamente comprometida, que no solo compartió herramientas, sino que modeló con su actitud lo que significa liderar desde el respeto, la escucha y la coherencia.

En este espacio formativo trabajamos intensamente una herramienta sencilla pero poderosa: E.R.P. (Escuchar, Resumir y Preguntar).

Más que una técnica, es una forma de relacionarse:

Escuchar sin interrumpir ni juzgar

Resumir para asegurar que realmente entendimos

Preguntar para abrir el pensamiento, no para cerrarlo

Aplicada con intención, esta metodología cambia la dinámica: convierte la conversación en un espacio de confianza y el aprendizaje en una construcción compartida.

INSTRUIR O ACOMPAÑAR: EL EQUILIBRIO NECESARIO

Otro aprendizaje clave fue entender la diferencia entre instruir y hacer coaching, especialmente en el trabajo con adolescentes.

Instruir implica explicar, guiar y dar herramientas claras. Es necesario, sobre todo cuando no existen conocimientos previos. Pero quedarse solo en la instrucción puede limitar el desarrollo del pensamiento.

El coaching, en cambio, invita a acompañar a través de preguntas, a generar reflexión y a permitir que el otro construya sus propias respuestas.

La clave no está en elegir entre uno u otro, sino en saber combinarlos: primero dar base, luego abrir espacio para pensar.

LA FUERZA DE LAS PREGUNTAS

En este camino, comprendimos que la pregunta es una herramienta poderosa.

No cualquier pregunta, sino aquellas que realmente invitan a reflexionar.

Las preguntas cerradas limitan:

  “¿Entendiste?” (Sí / no / tal vez)

Las preguntas abiertas transforman:

  “¿Qué parte te resultó más difícil?”

  “¿Cómo lo resolverías tú?”

  “¿Por qué crees que sucede esto?”

Las preguntas abiertas no buscan respuestas rápidas, buscan pensamiento. Y cuando un adolescente piensa, se involucra, se expresa y se convierte en protagonista de su aprendizaje.

LA FUERZA DE LA RETROALIMENTACIÓN POSITIVA

Otro eje clave fue la práctica constante de la retroalimentación positiva. Aprendimos que no se trata solo de decir “bien hecho”, sino de reconocer de manera específica los avances, esfuerzos y capacidades de las personas.

En los ejercicios grupales, cada intervención era una oportunidad para:

valorar lo que el otro aportaba

fortalecer su confianza

motivar su participación

El resultado fue evidente: un ambiente donde hablar no daba miedo. Y ahí aparece una verdad incómoda pero necesaria: nadie se abre al diálogo si se siente juzgado.

DEL TALLER A LA REALIDAD

Lo más valioso de esta experiencia no fue solo lo aprendido, sino su aplicabilidad. Cada dinámica estaba pensada para llevarla a contextos reales.

Como educador, esto me llevó a replantear preguntas incómodas pero urgentes:

¿Estoy escuchando realmente a mis estudiantes?

¿Les doy espacio para pensar o solo para responder?

¿Estoy formando personas críticas o repitiendo contenidos?

Hoy lo tengo más claro: el desafío no es lograr que los adolescentes hablen, sino convertirnos en adultos con quienes quieran hablar.

Vivimos en una época donde muchos jóvenes parecen no querer comunicarse. Pero tal vez el problema no está en ellos, sino en las formas que seguimos utilizando.

Esta experiencia me enseñó que:

el diálogo no se impone, se construye

la confianza no se exige, se gana

el aprendizaje no se transmite, se comparte

Estos cinco días no solo fortalecieron mi liderazgo; redefinieron mi forma de educar.

Porque cuando dejamos de centrarnos únicamente en enseñar y empezamos a escuchar, resumir y preguntar, algo cambia de verdad: el aula deja de ser un espacio de respuestas y se convierte en un espacio de sentido.

Y quizá ahí está la clave que hoy necesitamos con urgencia: no más adultos que solo enseñen, sino adultos que sepan preguntar, escuchar y acompañar.

Porque en un mundo lleno de información, lo verdaderamente transformador no es tener todas las respuestas… es aprender a hacer las preguntas correctas.

Gracias Fundación Libre y Escuela Iberoamericana de Liderazgo “Nicolás Castellanos Franco” continúen generando estos espacios de formación, porque siempre necesitamos aprender algo nuevo.

El autor es educador Franciscano Angelino, director de la Unidad Educativa San Martin de Porres ll


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