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Luna de miel sin milagros

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08.02.2026

Todo gobierno recién estrenado vive sus primeros cien días como quien se muda a una casa vieja: descubre rápido dónde están las goteras, cuáles enchufes funcionan y qué paredes crujen apenas se apaga la luz. El gobierno de Paz no ahorro adjetivos para describir la herencia: economía quebrada y estado cloaca. 

El corazón de la estrategia del gobierno de Paz inicial, para lidiar con el legado envenenado, fue tocar un tabú económico: los precios de los combustibles. El gobierno decidió acercar el diésel y la gasolina a precios más realistas, es decir, menos ideológicos y más cercanos a los del planeta Tierra. El resultado inmediato fue un alivio fiscal de varios millones de dólares. Traducido al castellano llano: menos plata quemándose en subsidios que beneficiaban más al contrabandista que al ciudadano promedio.

Desde el punto de vista económico, la medida fue impecable: menos distorsiones, mejores señales de precios y un déficit fiscal que dejó de sangrar por una herida conocida. Desde el punto de vista político, sorprendentemente, también funcionó. Un 78 % de apoyo ciudadano según encuestas es casi una rareza estadística en un país donde normalmente nadie apoya nada, pero todos protestan por todo.

Claro que la realidad nunca pierde la oportunidad de arruinar un buen diseño técnico. Las denuncias sobre combustible de mala calidad, autos dañados, motores indignados, choferes furiosos, abrieron un flanco narrativo venial. La reforma seguía siendo correcta, pero la ejecución se tropezó con la vieja debilidad estatal: mala coordinación y peor comunicación. En política económica, como en cirugía, una buena operación con instrumentos sucios termina en infección. 

Si el recorte de los subsidios fue una cirugía mayor para extirpar el tumor central del déficit fiscal, el........

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