Arriba a la derecha
Las categorías de la izquierda y la derecha son más rígidas que las realidades que quieren explicar; solo nos servirán para entender la realidad si las manejamos de un modo que permita configuraciones inéditas, coincidencias y desacuerdos nuevos. Uno puede seguir sosteniendo que los pobres votan a la izquierda y las élites a la derecha y, al comprobar que la sociología no le da del todo la razón, indignarse por que unos voten torpemente contra sus intereses y otros manipulen tan astutamente. ¿Qué tal si comenzamos por entender bien la realidad, aunque esto nos genere la incomodidad de tener que modificar el observatorio desde el que la miramos?
Se han reconfigurado las líneas de la disputa política, que ya no se comprende o explica bien con los conceptos habituales, por ejemplo, el conflicto entre una clase trabajadora de izquierdas y una burguesía de derechas, entre trabajo y capital, Estado y mercado. Ahora tenemos, además, unos conflictos que denominamos culturales y que enfrentan a quienes perciben la pérdida de los límites nacionales como una amenaza a sus intereses políticos o a su identidad y a esa élite formada que se beneficia económicamente de una globalización que multiplica sus opciones vitales.
Un tópico para explicar el actual malestar insiste en que se trata de una revuelta de los llamados “perdedores de la globalización”, sin que termine de estar claro de qué tipo de perdedores estaríamos hablando y cómo explicamos su sintonía con cierta parte de las élites. ¿Cómo entender esa curiosa alianza entre una parte de los de arriba y una parte de los de abajo en Estados Unidos aunque solo sea porque para Trump no hay nada peor que ser un perdedor? Mi interpretación es que los votantes de partidos de extrema derecha no proceden significativamente de medios desfavorecidos. Muchos de ellos no son quienes han perdido económicamente, sino quienes........
