El infierno fiscal que nos deja el sanchismo
El infierno fiscal que nos deja el sanchismo
Resulta políticamente indecente que el ministro se ufane de la moderada presión fiscal española.
El Gobierno socialcomunista presume cada vez que tiene ocasión de haber convertido España en la mejor economía del mundo, la que más crece y, en consecuencia, la que más ha enriquecido a sus ciudadanos. Con Sánchez en La Moncloa, la riqueza de las familias y los trabajadores habría experimentado un impulso con escasos precedentes históricos, razón por la cual todos deberíamos estar agradecidos y, eventualmente, votar en consecuencia. El problema para el sanchismo, como ocurre con la inmensa mayoría de sus afirmaciones, es que es pura propaganda con escaso o nulo respaldo real.
Carlos Cuerpo, sustituto de la candidata socialista a la Junta de Andalucía en el ministerio de Hacienda, presumía esta semana de la marcha de la economía española y, sobre todo, del impacto que esa bonanza marcoeconómica está teniendo en las familias y los trabajadores. Según el repuesto sanchista de María Jesús Montero, "el salario medio ha crecido en España en los últimos años" al igual que los ingresos de los hogares, que estarían experimentando un impulso significativo gracias a la existencia de "mejores y mayores empleos".
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Cuerpo utiliza para su propaganda el rubro de los salarios brutos, que sí han mejorado desde que Sánchez llegó al poder en 2018. Pero el ministro oculta dos datos fundamentales para determinar si, efectivamente, las condiciones de vida de los asalariados españoles han mejorado en los últimos años: la presión fiscal del Gobierno y, sobre todo, el impacto de la inflación. Introduciendo ambas variables, la realidad es que nuestros salarios se alejan cada vez más de la media europea y, en realidad, los españoles ganan menos que en 2018 en términos reales, dos dudosas hazañas que, éstas sí, hay que atribuir al sanchismo en su totalidad.
Resulta políticamente indecente que el ministro se ufane de la moderada presión fiscal española cuando lo cierto es que, desde que Sánchez llegó al poder, se han producido nada menos que 141 subidas de impuestos y cotizaciones, de manera que, en estos momentos, cada trabajador destina más de la mitad de lo que gana a cumplir con Hacienda y la Seguridad social. La no deflactación de la tarifa del IRPF para eliminar el impacto de la inflación añade otra losa a la carga fiscal de los ciudadanos, que pagan de media un impuesto añadido de 800 euros anuales. Sumados los dos factores referidos, la realidad es que los trabajadores españoles han perdido 1.410 euros anuales de poder adquisitivo, algo muy evidente para las familias trabajadoras, que cada vez tienen más dificultades para llegar a fin de mes.
Carlos Cuerpo seguirá insistiendo machaconamente en la propaganda gubernamental que presenta a la economía española como un paraíso de crecimiento consistente que aumenta incesantemente la riqueza de la clase trabajadora. La realidad, sin embargo, es que el sanchismo deja una losa cada vez más pesada a los asalariados y autónomos, mientras el Gobierno fanfarronea sobre los continuos aumentos anuales de recaudación.
