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La línea editorial: más allá del gusto personal

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13.04.2026

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En los últimos años, el sector editorial hispanohablante ha experimentado una serie de transformaciones que inciden en todas las fases del proceso de producción, desde la selección editorial hasta el marketing y la comunicación. Si antes, como afirmaba Roberto Calasso, la columna vertebral de una editorial podía ser únicamente el gusto –que obedecía a criterios subjetivos y personalísimos pero que funcionaba ya como marca identificable–, en décadas recientes esto ha ido mutando con el auge de las nuevas tecnologías, la concentración de la industria del libro, la bibliodiversidad y el surgimiento de sellos independientes capaces de competir con los grandes grupos. Todos estos cambios atraviesan cada etapa de la maquinaria editorial: elegir qué se publica, cómo se produce un libro, cómo se distribuye y cómo se comunica.

Hoy en día es difícil pensar en una editorial generalista, por muy identificable que sea el gusto del director editorial –sellos como Acantilado, Siruela, Anagrama o Galaxia Gutenberg tienen ya un lugar muy reconocible en el mercado–. Esto quizá explique, en buena medida, el auge de editoriales antes consideradas “de nicho”, como Satori y Shiro (enfocadas en literatura asiática); Concreto y Tránsito (centradas en publicar obras de autoras); Dirty Works, Sajalín o Bunker Books (con énfasis en el realismo sucio y el gótico sureño); y Vinilo y Newcastle Ediciones (especializadas en memorias, libros de viaje, crónicas y ensayos), por mencionar algunos ejemplos. También resulta fascinante observar de qué modo el abaratamiento de los costes de producción ha afectado, entre otras cosas, la toma de decisiones editoriales, desde cómo diseñar un modelo de colección accesible y económico hasta cómo convertirlo en una seña de identidad e incluso crear un fenómeno editorial. No es novedad afirmar que muchas editoriales independientes funcionan como canteras de autores que, cada vez con mayor frecuencia, terminan convirtiéndose en superventas.

El sello barcelonés Candaya es un caso interesante: desde sus orígenes se planteó como una editorial centrada en la publicación de autores latinoamericanos. En una época de transición –del auge y cansancio del boom a la aparición de Los detectives salvajes–, Candaya fue pionera en la búsqueda de voces singulares provenientes de América Latina, pero también supo ver a tiempo que no podía vivir de espaldas al mercado español. Por eso resulta un ejemplo paradigmático: ha logrado aunar la especialización, el gusto y la flexibilidad en la conformación de un catálogo y, a la vez, se ha mantenido fiel a sus principios.

Esta entrevista forma parte de una serie que se asoma, precisamente, a esa maquinaria: en cada entrega, una editorial distinta explicará uno de los procesos que hacen posible un libro. En este primer texto, Olga Martínez, editora y cofundadora de Candaya, habla sobre la selección editorial y la conformación de un catálogo.

Actualmente carece de sentido concebir una editorial centrada, por ejemplo, en publicar ficción y no ficción contemporánea, en la que cabe prácticamente todo. Noto que cada vez surgen más editoriales especializadas o que interpelan a audiencias muy concretas. En Candaya, sin ir más lejos, comenzaron publicando a autores latinoamericanos, y luego fueron ampliando la línea editorial. ¿Cómo describirías la línea editorial de Candaya?

Candaya es una editorial bastante atípica, al menos en su génesis. Nació de una pasión y de........

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