Tomás Downey y la torsión de la realidad
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Tomás Downey era un muchacho de veintipico que vivía en Buenos Aires, trabajaba en una oficina, estudiaba la carrera de guionista de cine y escribía cuentos, muchos de ellos protagonizados por muchachos de veintipico medio parecidos a él, que vivían solos, se sentían medio perdidos, en crisis de pareja o existencial… Hasta que un día leyó a Raymond Carver y descubrió que ese autor estadounidense había hecho lo mismo, y lo había hecho antes e “infinitamente mejor”. Entonces Downey decidió que sus tramas tomarían otra dirección.
“Seguí escribiendo historias más o menos similares –explica–, pero de repente les metí un extraterrestre. O un muerto que despierta: quizás esa pareja de la que te separaste está muerta. Cosas sobrenaturales. Eventos fantásticos. Y esa torsión de la realidad y la percepción te lleva a preguntarte: ¿qué está pasando en el cuento? ¿Qué me estoy imaginando y qué no? Todo eso empezó a enturbiar un poco el relato, que también tiene algo de cristalino, porque en lo que escribo la descripción de las acciones siempre son muy claras, y sin embargo el trasfondo siempre es medio turbio”.
Es acertada y precisa la manera en que Downey (Buenos Aires, 1984), una de las voces más destacadas de la literatura argentina de su generación, describe sus cuentos. Son relatos que se insertan en eso que se llama el nuevo weird, una corriente que se alimenta de las tradiciones del fantástico, el terror y la ciencia ficción y produce un género nuevo, que se parece a los anteriores pero es también otra cosa. De hecho, hay quienes afirman que los de Downey son cuentos de terror, aunque él no está tan de acuerdo.
“Me siento más cómodo con la etiqueta de lo extraño, porque es mucho más ambigua y amorfa –me cuenta mientras se toma un café en el barrio de Chacarita–. Abreva un poco en todos lados. Creo que toma bastante del terror, de la ciencia ficción, de géneros que trabajan con lo imposible, lo sobrenatural. Me identifico con ese género en lo que tiene que ver con la percepción, con el cuerpo, con la subjetividad. Lo que me interesa siempre es qué le está pasando a un personaje en........
