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Necesitamos un sistema de protección social, por José Luis Gargurevich

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16.08.2026

En Desarrollo y libertad, Amartya Sen planteó que el progreso de una sociedad no se mide por el capital que acumula, sino por las libertades reales que garantiza a sus ciudadanos para vivir la vida que valoran. El verdadero desarrollo no es solo crecimiento económico: es la capacidad individual para superar adversidades y encontrarse con un Estado que actúe como un entorno habilitador, mitigando riesgos como la enfermedad, el desempleo, la violencia, los daños generados por desastres, y con ello, la pobreza y la exclusión en diferentes momentos de la vida.

El problema surge cuando intentamos aplicar este enfoque en Estados atrapados en estructuras rígidas.

Hoy, una niña rural en Puno expuesta a desnutrición/anemia (ámbito Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social y Ministerio de Salud) es la misma que enfrentará en su adolescencia los riesgos de violencia de género (ámbito Ministerio de la Mujer) y la que, años más tarde, podría terminar en la informalidad laboral sin seguro ni pensión (ámbito Ministerio de Trabajo), o la que tendrá que arriesgar la posibilidad de estudiar (ámbito Ministerio de Educación) por los cuidados de la familia sin retribución económica, sin autonomía financiera y siempre parada en el precipicio de la desprotección cuando lleguen enfermedades suyas o de su familia cuyos tratamientos —ante la ineficacia de la salud pública— la lleven a gastar de su bolsillo, vender sus pertenencias y a la pobreza. Si el Estado la atiende con intervenciones inconexas, duplica padrones, gasta mal y se desconecta de las trayectorias reales, siempre multisectoriales, de las personas.

¿Cómo pretender protección social cuando la administración........

© La República