Ourense, seis de la mañana
Suena el despertador y todavía no hay luz. En invierno, Ourense a las seis de la mañana es una ciudad que no existe. Las calles están vacías, las farolas iluminan la niebla del Miño y el único ruido es el de tus propios pasos si sales a correr, o el de la cafetera si te quedas en casa. Las seis no son madrugada. Son el principio de todo antes de que todo empiece.
Al principio de Redegal, las seis eran la hora a la que me acostaba, no a la que me levantaba. Programaba de noche, dormía de día, y mi reloj biológico era el de un estudiante de informática que confundía productividad con resistencia
Llevo años levantándome a esa hora. No siempre fue así. Al principio de Redegal, las seis eran la hora a la que me acostaba, no a la que me levantaba. Programaba de noche, dormía de día, y mi reloj biológico era el de un estudiante de informática que confundía productividad con resistencia. Tardé años en entender que trabajar más horas no significa trabajar mejor.
El cambio no fue una epifanía. Fue un deterioro. Empecé a tomar peores decisiones. A responder correos con un tono que no........
