Disfrazarse de grande
Hay una noche que recuerda cualquiera que haya llevado una empresa pequeña. Es la anterior a la primera reunión con alguien diez veces más grande, sea un cliente, un socio o un competidor que de repente se ha fijado en ti. Esa noche se cambia la plantilla de la presentación para que parezca de multinacional. Se añade una diapositiva de metodología con flechas que nadie usa. Se buscan palabras que uno no dice nunca. Y se ensaya, más que lo que se va a contar, la manera de parecer otra cosa. Y se duerme poco.
Parece prudencia, porque uno quiere estar a la altura. En realidad es miedo vestido de seriedad. Lo que te ha traído hasta esa mesa no es parecerte al grande, es todo lo que él no puede hacer: decidir en una tarde, que quien contesta el teléfono sea quien conoce el problema, cambiar de plan sin pedir permiso a seis departamentos.
Al pequeño casi nunca le gana el grande. Le gana dejar de jugar a lo suyo en cuanto tiene al grande delante.
Disfrazarse tiene además un coste que no se ve en la reunión, sino después. Si te contratan por parecer grande, te van a exigir........
