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La cruzada moral de Prevost

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14.06.2026

Todos los actos del papa en España reivindicaron la grandeza de su liderazgo universal como denominador común de la espiritualidad interior de cada ser humano, sea o no creyente, sea cual sea su ideología y pensamiento. Hemos asistido a un jubiloso fervor social con valientes y precisos mensajes del pontífice dirigidos a la conciencia de la mejorable clase política española, que en palabras de Feijóo se sintió “interpelada” mientras Sánchez intentaba apropiarse del “dejad que los niños de acerquen a mi” y el compromiso papal ante la migración. El impactante discurso de León XIV en el Congreso deja la huella irrenunciable del predicamento de la Iglesia católica, que cuando tiene que defender la vida frente al aborto y la eutanasia habla alto y claro ante los promotores de leyes ideológicas que acotan la libertad del derecho a existir del no nacido, el enfermo o el migrante. El humanismo profundo que desprende el papa está muy por encima de las miserias terrenales de la trinchera política, donde su Sanchidad pretendió mimetizarse con su santidad al difundir su polémica foto con un bebé en brazos.

El papa ha impulsado un debate limpio sobre la moralidad y la ética dentro del marco político actual de convivencia. León XIV no sólo advirtió que “el poder necesita legitimidad”, sino que “hace falta también una renovación moral”. Se supone que nuestros políticos están muy de acuerdo en eso, dado que aplaudieron alrededor de siete minutos, incluida la bancada del Gobierno, en una muestra evidente de confesión y aceptación pública de la culpa partidista. La moralidad y la legitimidad políticas son aspectos muy oportunos dado que la falta de mayorías reales para gobernar y los casos de corrupción del sanchismo hacen irrespirable una convivencia igualitaria, limpia y de vocación puramente democrática basada en la aceptación de la alternancia y la gobernanza para........

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