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Lecciones de un dios llamado John Frum

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23.02.2026
Lecciones de un dios llamado John FrumBarrio

Lo de los «forasteros misteriosos» me tiene hipnotizado. Por todas partes encuentro relatos que los describen: desde los ángeles que visitaron a Abraham camino de Sodoma, a esa vaporosa mujer que se presentó en la tienda de George Washington justo antes de su decisiva batalla en Valley Forge contra los británicos. Da la impresión de que sus apariciones han servido para cincelar poco a poco nuestro mundo, como cuando Robert Johnson inventó el blues en Clarksdale, Mississippi, después de que uno de «ellos» se le manifestara en un cruce de carreteras y le enseñara a tocar la guitarra. O cuando los principales artífices de las independencias americanas, como José de San Martín, hablaron de unas misteriosas reuniones con «superiores desconocidos» que marcaron el destino del continente. Por lo general, se trata de cuentos añejos, manoseados por el paso del tiempo, que dejan flotando en el aire la sensación de que nuestro devenir es mecido por manos sutiles. Por «forasteros misteriosos», en la acertada expresión acuñada por Mark Twain en la última de sus novelas.

El pasado 15 de febrero se celebró en la isla de Tanna, en los mares del Pacífico Sur, la última fiesta dedicada a uno de estos intrusos. Como cada temporada, ese atolón de veinte mil habitantes se engalanó para invocar el regreso de un desconocido que hace ochenta y cinco años llegó a........

© La Razón