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Por: Jack Gomberoff / La duda insinuada: Cuando el antisemitismo se disfraza de análisis y el “no soy antisemita” precede al antisemitismo.

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10.01.2026

Hay un estilo de discurso que no necesita gritar “odio a los judíos” para producir el mismo efecto social: basta con sembrar sospecha, insinuar coordinación oculta, y convertir la identidad judía en explicación causal del mundo moderno. No es la acusación directa, sino la duda insinuada: “yo no digo que controlen todo… pero mira qué coincidencia”.

Por eso fue valioso ver a Bruno De Ayala ponerle el pare a Miklos Lukacs en una explosiva entrevista en ResurgeTV. No desde la censura, sino desde la repregunta. Porque cuando alguien se escuda en “mi posición no es antisemita” y, en la misma respiración, introduce un patrón étnico-religioso para explicar banca, tecnología, política y memoria histórica, lo responsable es exigir evidencia y separar hechos de fantasías.

Miklos repite el recurso clásico: “yo critico al gobierno, no al pueblo”. Eso es válido… hasta que deja de serlo. El punto de quiebre llega cuando la crítica se vuelve teoría total: “hay élites económicas” que “no controlan todo, no necesitan controlar todo, pero sí tienen participación en sectores y empresas clave”, y más adelante: “este grupo de metacapitalistas judíos… están instalando en el mundo ahora” un proyecto de control. Ese salto no es opinión política: es conspiracionismo.

Lo más revelador es que........

© La Razón