Lo que pasó, lo que puede pasar
Franco usó la hora para agradar a Hitler
Estábamos en 1970, España tenía un Gobierno autocrático derivado de una guerra civil cuya figura principal, el General Franco, se hallaba en el lógico declive físico por su avanzada edad y salud crítica que hacía previsible el cercano fin de un sistema de difícil reemplazo en sí mismo. No era imaginable otro caudillo sustituto y la estructura política vigente en el momento no cumplía las reglas de un sistema democrático moderno y liberal, lo que hacía difícil e improbable la continuidad de la organización franquista sin Franco. En ese contexto, los seguidores y dirigentes del Régimen intentaban perpetuarlo. Otros ciudadanos se planteaban encontrar soluciones democráticas utilizables cuando se produjera la muerte del General, que tuvo lugar de manera natural y por enfermedad en noviembre de 1975.
En esas fechas España tenía una población de 35.000.000 de habitantes. Hoy somos 49.600.000, de los que 27.600.000 no habían nacido al morir Franco, lo que representa el 56% de la población actual. Añadimos que dos de cada tres españoles no habían nacido o tenían menos de 15 años en 1975. Es fácil comprender que España ha
cambiado sensiblemente al menos en su número de “interesados”, y que eso puede personificar o justificar una distinta visión del momento actual, de la historia pasada, y del futuro previsible, diversa en ese 56% de los otros titulares componentes del 44% restante.
O sea, podemos distinguir demográficamente dos grupos: unos, los mayores, con una historia propia de un sistema político y una organización social heredera de una trayectoria marcada por una guerra civil que dejó una huella imborrable, con distintas variables, en la memoria. Y que tuvo que adoptar resoluciones a la muerte del Jefe supremo, en beneficio o teniendo en cuenta los intereses además del otro bloque, el 56%, lo que se traduce evidentemente en que las decisiones de entonces se adoptaron no solo para resolver aquel momento y un futuro incierto para los que estaban allí, sino para conseguir un mejor porvenir, más seguro y viable, para los beneficiarios que nacieran y crecieran después del fallecimiento del General muerto.
Por un lado, las fuerzas del Régimen se preparaban para los acontecimientos que habrían de ocurrir y lógicamente intentaban defender sus posiciones de supervivencia.Y otras fuerzas, más o menos cohesionadas, también pensaban como organizarse y como lograr el anhelado deseo de que España pasara a ser una nación moderna en lo político -se había conseguido bastante en lo social y en lo económico-, equiparable a las demás naciones europeas y del resto del mundo democrático. Donde las distintas ideologías y visiones políticas y los derechos humanos y ciudadanos fueran respetados y pudieran vivir en paz y armonía, con el respeto que las ideas de cada uno pudiera merecer.
De esa manera, se empezaron a organizar los partidos políticos con cierta clandestinidad y al margen de lo que las leyes y las autoridades del momento permitían, y de la misma manera, el Régimen revisaba sus estructuras para intentar su autosucesión, queriendo continuar y perpetuar de algún modo el régimen franquista. El poder establecido buscaba fórmulas nuevas que permitieran disfrazar de democracia el continuismo franquista mientras lo que llamábamos “ la oposición “ se debatía y discutía sobre un futuro de ruptura o transición. Es fácil deducir que lo que........
