Verdades evidentes
Trabajador de un taller municipal colocando las urnas durante la preparación para unas elecciones. / Europa Press
No recuerdo quien dijo, tal vez fue Raymond Aron, que de jovencitos preferimos la revolución francesa pero más adelante, si preservamos la curiosidad, terminamos simpatizando más con la revolución americana. Este fin de semana se celebró el 250 aniversario de la Declaración de Independencia, y la Constitución todavía en vigor llegaría más tarde, promulgándose en 1789. La Declaración de Independencia es una maravilla como documento político y su modernidad, su defensa de la libertad como derecho básico del individuo – no de una etnia, no de una comunidad religiosa, no de un país – es de un radicalismo asombroso para la época. Me gusta especialmente porque contra textos revolucionarios de otras tradiciones su apología está muy bien escrita y prescinde de cualquier dramatismo. Son convicciones expuestas tranquilamente: «Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son........
