Qué buenos, los partidos
La diputada del grupo socialista canario, Nira Fierro interviene en el debate sobre el estado de la nacionalidad canarias que se celebra en el Parlamento de Canarias. / Ramón de la Rocha / EFE
Los principales partidos políticos aprueban con buena nota el Índice de Transparencia de Canarias que presentó el pasado martes la Comisionada de Transparencia, Noelia García. Destaca el PSOE, que consigue un sobresaliente. Con una rapidez relampagueante la diputada y secretaria de Organización del PSOE canario, Nira Fierro, festejó la magnífica calificación de su partido, pero fue incapaz de no plantearla competitivamente. Los demás no se toman la transparencia tan seriamente como el PSOE, dijo Fierro, insinuando que les falta aliento democrático. La señora Fierro es dirigente de una organización política constitucional que se desarrolla en el ámbito de una democracia parlamentaria, pero llega años jugando a ser una dinamitera en traje sastre obsesionada con el patriotismo de partido. El PSOE es excepcional. El PSOE es lo más mejor. El PSOE es un prodigio. O como suelen decir últimamente - recuperando una expresión del pasado felipista, qué horror -el PSOE es el partido que más se parece a España, a Canarias o al condado de Treviño, depende de donde se pronuncie la ocurrencia. La realidad resulta más limitada y decepcionante: el PSOE es lo que más se parece a Pedro Sánchez. Las demás fuerzas políticas canarias (CC, el PP, NC) obtienen una calificación de notable. Mejorable, ciertamente, pero tampoco está mal.
Pero, atención, el simpático Índice de Transparencia reparte notas entre los partidos políticos, no entre los grupos parlamentarios. La diferencia no es baladí. Porque en la financiación de los grupos parlamentarios está (dicen los deslenguados) una de las claves básicas de la financiación de las organizaciones políticas y aun (según los chismosos más siniestros) las perras para las campañas electorales. Un servidor está seguro que eso es mentira, una mentira indignante, y sin duda para no indignarse el Comisariado de Transparencia no se mete en semejantes bazofias. Para evaluar la transparencia real de la gestión de las perrucas de los partidos políticos habría que fiscalizar los grupos parlamentarios y para fiscalizar los grupos parlamentarios habría que inspeccionar al mismo Parlamento, y eso sí que no, que la gestión del Parlamento no la fiscaliza nadie, porque la sacralidad del Parlamento es incuestionable o, en palabras del egregio Juan Palomo, que hubiera merecido un escaño, si yo me lo guiso, yo me lo como.
Incluso en una pesquisa tan amable como la practicada a los partidos parlamentarios les pareció excesiva a la ultraderecha aposentada en la Cámara. Vox se negó a proporcionar información a Noelia García y su equipo. Un silencio democráticamente inaceptable que tal vez debería ser considerado por la Mesa del Parlamento. El secretismo, un secretismo entre chulesco y despectivo, es una de las conductas características de los ultras. Tampoco en Canarias han estado libres de escándalos económicos, como una recaudación de fondos que desapareció sin dejar rastro en Tenerife y que produjo confusas expulsiones y tejemanejes. Como ocurre habitualmente en Vox en España, en Canarias su funcionamiento interno es una auténtica caja negra. Se ignora quién maneja los presupuestos del partido y cuál es la relación financiera entre la dirección en Madrid y los gerifaltes de Canarias, y debe hablarse de gerifaltes porque en el Archipiélago sigue sin definirse una dirección estable, operativa y consensuada de la organización. Vox quiere seguir operando así indefinidamente y por eso mismo ha desoído cualquier solicitud informativa. Su grupo parlamentario recibió en 2024 (último año con cifras publicadas) una subvención total de 377.600 euros, parte de la cual se utiliza para abonar un generoso sueldo a su secretaria, una exdirectora general del Gobierno de Murcia que vino a parar aquí por chiripitifláuticas razones. El año pasado, en un pódcast peninsular, la señora dijo que, aunque lejanos, los canarios «al final» son españoles, y que Vox contempla la autonomía canaria con una gran «escepticidad». Oh, misteriosa criatura, sigue esculpiendo, sigue escupiendo el silencio.
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