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Alimentarse no puede ser parte de una vida lujosa

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Cada quien puede tener su visión de una vida lujosa. Puede estar llena de carros último modelo, marcas de ropa y accesorios, o viajes idílicos al extranjero. Quizás sea el privilegio de vivir en el seno de una familia amorosa y comprensiva. O incluso, para algunas personas puede significar una vida que les permita disfrutar de tres comidas diarias que sacien su hambre y les otorgue una buena salud.

Actualmente se producen más alimentos que nunca en el mundo (ver: https://shorturl.at/cO8Gv). Por eso resulta tan paradójico que los niveles de malnutrición también vayan en aumento. Puede sonar ilógico, pero es que la malnutrición genera problemas en dos vías distintas y contrarias: por un lado, cuando no se tiene acceso a la suficiente cantidad de alimentos para nutrirse adecuadamente; y por otro lado, cuando es posible acceder a alimentos que sacien el hambre, pero con una carga nutricional muy baja o nula.

Para que exista seguridad alimentaria, según el Banco Mundial, se deben cumplir simultáneamente cuatro dimensiones (ver: https://shorturl.at/7ZMU7). Disponibilidad física de los alimentos, acceso económico a los mismos, que estos provean los nutrientes y energía necesarios, y que se garantice la estabilidad en el tiempo de todos estos aspectos. De ahí que la abundancia de alimentos no sea suficiente en sí misma, pues no garantiza la certeza de contar con acceso a una alimentación nutritiva y de calidad para todas las personas.

La Encuesta de Calidad de Vida 2024 del DANE expone el panorama de inseguridad alimentaria en Colombia: uno de cada cuatro hogares enfrenta inseguridad alimentaria grave o moderada. Además, muestra que los niveles son más altos en hogares donde vive al menos un niño o niña menor de 5 años, etapa crítica para el crecimiento y desarrollo adecuados.

En Caldas, según esta misma encuesta, la proporción es del 13%, una de las más bajas. Y en línea con esta cifra, el 13% de los hogares en Manizales expresó que alguno de sus miembros se ha visto en la necesidad de dejar de comer tres comidas diarias por falta de alimentos, de acuerdo con la Encuesta de Percepción Ciudadana 2025 de Manizales Cómo Vamos.

Y un dato complementario: según ONU Colombia (ver: https://shorturl.at/uEu8M), el 36% de los hogares no tiene la capacidad de costear una dieta saludable. Comer sano no tiene por qué ser un lujo reservado para algunas personas. Tener acceso a una alimentación nutritiva y saludable es un derecho. ¿Cómo podemos garantizarlo, en un contexto en el que conviven la abundancia y la precariedad? ¿Qué necesitamos para mejorar en Manizales, una ciudad con altos niveles de calidad de vida, y al mismo tiempo resultados deficientes en nutrición infantil? (ver: https://shorturl.at/zzSAH)

Jóvenes que quieren mejorar sus hábitos alimenticios y se estrellan con la realidad de los precios de los alimentos que les permitirían alcanzar sus objetivos, padres que hacen maromas cada semana para dar una alimentación de calidad a sus hijos, hogares donde la cotidianidad incluye irse a dormir sin comer, y niños que desde temprana edad sufren enfermedades derivadas de dietas abundantes en alimentos llamativos y poco nutritivos. Todas estas son caras de un mismo dado multifacético y disparejo que representa el problema de la malnutrición en un escenario como el nuestro. Es un desafío complejo, el de lograr que una alimentación saludable no sea sinónimo de una vida lujosa.


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