Humberto García Larralde: Para problemas grandes, grandes soluciones
La sustracción del dictador Maduro el 3 de enero ha renovado el celo por examinar en detalle la situación en que se encuentra el país para así calibrar mejor los desafíos que nos aguardan para su recuperación. Las cifras referentes al colapso económico, las remuneraciones de hambre, la precariedad de los servicios y los índices de morbilidad y mortalidad que empiezan a conocerse, no hacen justicia, a pesar de lo desconsolador, del destrozo ocasionado. Incluso el retrato que, rigurosamente, ha dado a conocer las encuestas de condiciones de vida en Venezuela (ENCOVI), coordinadas por la UCAB, se queda corto. Porque, además de todos los daños tangibles y cuantificables que pueden identificarse, el fascismo madurista destruyó el tegumento de valores y expectativas que, de una forma u otra, inspiraban la seguridad y la confianza que podíamos sentir, como venezolanos, de vivir en una sociedad que valiera la pena, reconociéndonos en una serie de loables propósitos comunes. Un concepto parece venir muy a cuenta para describir esta situación, el de “daño antropológico”. El Dr. Google nos recuerda que trata de un padecimiento que “altera la identidad, la autoestima y los proyectos de vida, generando conformismo, miedo y desesperanza”.
Cabe resaltar que este daño tiene implicaciones en la forma en que puedan materializarse nuestras posibilidades de superación. En el fondo del asunto están las perversidades del rentismo, ya presentes en la deriva populista y clientelar de la democracia representativa, pero que dio un “salto cualitativo”, como gustaban decir los marxistas, bajo Chávez. Transformó el paternalismo estatal de antes en tutelaje vigilante y celoso de nuestras opciones y prerrogativas como venezolanos. Como “segundo libertador” invocó la gesta emancipadora para polarizar a la sociedad entre patriotas -él y quienes lo acompañaban– y enemigos –todo aquel que no compartiera sus prédicas–, y librar una guerra contra éstos, armado con los recursos que le deparaba el poder. Se erigió en ariete para la imposición de fines colectivos superiores con la violencia “persuasiva” de bandas fascistas, un poder judicial cómplice y una cúpula militar corrupta, que........
