Vacunas contra la realidad
Al igual que existen pastillas para dormir, cirugías que reparan un corazón enfermo o anestesias para el dolor, existe, también, lo que yo llamo, la farmacología social. En buena medida, tendemos a medicarnos con autoengaño y resignación, con cerrazón ideológica y, en los casos más graves, con altas dosis de deshumanización. Y así es como acabamos tolerando lo intolerable. Así es como acabamos normalizando que trabajar 40 horas (o más) a la semana no te permita vivir con dignidad, que haya que congelar las ganas de tener hijos (literalmente) al servicio de la producción, que un señor diputado nos inste a cazar inmigrantes o justificar el desahucio por la fuerza de una anciana de 87 años porque oye, según tu cuñado José Luis, tuvo tiempo de ahorrar.
Por eso, cuando el 26S empecé a ver las plazas de tantas ciudades abarrotándose de indignación y de frágiles tiendas de campaña, -que tan bien ilustran el problema que tiene este país con la vivienda-, se me encendió una chispa de esperanza.
Pensé que la unidad y la solidaridad que ha estado bullendo en esas plazas son vacunas contra la realidad, que esta España nuestra es capaz de despojarse del derrotismo y salir en masa a decir algo tan obvio como que esto no está bien, se mire por........
