Que otro decida
Que otro decida. / ShutterStock
Entro en el ascensor, me miro en el espejo y le pregunto a mi reflejo quién soy. Me responde con una media sonrisa que no reconozco como mía:
-Depende del botón que aprietes.
Durante un instante pienso que bromea, pero me dejo llevar. Así que pruebo: pulso el 3, y cuando se abren las puertas salgo convertido en mi vecino del tercero, con su calva redonda y su carpeta llena de facturas. Camino hasta su puerta, saludo a su mujer (mi mujer por ese día), y me siento frente al ordenador a........
